La extraña muerte y sepultura del inventor de Pringles

Todos amamos las patatas pringles, bueno, creo que yo pudiese comerlas de desayuno, almuerzo y cena todos los días de mi vida (pero luego pienso en las terribles consecuencias que eso traería a mi presión arterial y a mis finanzas).

En 1966, cuándo todo el mundo estaba divirtiéndose con el LSD, protestando contra la guerra de Vietnam, abrazándose en los festivales de “Free Love” y la revolución sexual contagiaba a muchos de VIH… Fred Baur, de Ohio, fascinado por la química, pasaba las tardes enteras en el laboratorio.

Fredric Baur obtuvo un Ph.D. en química orgánica, se especializó en procesamiento de alimentos y sirvió en la Marina como fisiólogo de aviación. Pasó buena parte de su juventud diseñando un producto de helado liofilizado y de solo agregar leche llamado Coldsnap. A pesar de ser un producto revolucionario para la época y de contar en su equipo con un joven judío llamado Steve Ballmer, (quién luego se convertiría en CEO de Microsoft), Baur logró más éxito ya de anciano, cuándo un día se le ocurrió una manera inteligente para que Procter & Gamble apilara las patatas de manera uniforme en lugar de tirarlas en una bolsa. Pensó en encontrar una forma de evitar el problema de las bolsas de patatas de la época, las cuales solían ser de mala calidad y hacían que el producto envejeciera muy rápido.

No solo fue el creador del contenedor o lata, también lo fue de la singular forma de las patatas apiladas, algo distintivo de Pringles.

Un día Baur reunió a toda la familia, necesitaba contarles algo serio.

“Cuando mi padre planteó por primera vez la idea de cómo quería ser enterrado en la década de 1980, me reí entre dientes”, dijo a la revista TIME el hijo mayor de Baur, Larry, de 49 años. Larry Baur se dio cuenta rápidamente de que su padre hablaba en serio. Las bromas familiares circularon sobre el “plan Pringles”, pero nadie cuestionó la decisión del anciano Baur. Entonces, cuando Frederic Baur murió después de una batalla contra el Alzheimer, Larry y sus hermanos se detuvieron en una tienda de Walgreen’s para buscar una lata de Pringles en su camino a la funeraria. “Mis hermanos y yo debatimos brevemente qué sabor usar”, dice Baur, “pero dije: ‘Necesitamos usar el que dice sabor original'”. El único deseo del inventor al morir fue que sus cenizas fuesen hechadas en una lata de Pringles y luego enterradas en su tumba, en dónde sus restos reposan hasta el día de hoy.

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