No, JESÚS no es un SOCIALISTA

“Independientemente de tus creencias religiosas, Larry Reed demuestra que se necesita un gran salto de imaginación para ver a Jesús como un socialista progresista. “Este es un tema de importancia crítica porque los progresistas seculares desean controlar el terreno moral mediante la captura de la religión para apoyar su ideología elitista y estatista, lo que les permitiría dañar aún más el florecimiento humano genuino”. – John A. Allison, ex Presidente y CEO de Cato Institute, ex presidente y CEO de BB&T Corporation

El 16 de junio de 1992, el Daily Telegraph de Londres reportó este comentario asombrosamente audaz del ex líder soviético Mikhail Gorbachev: “Jesús fue el primer socialista, el primero en buscar una vida mejor para la humanidad”. 

Tal vez deberíamos dejar de lado a Gorbachov. Un hombre que ascendió hasta la cima de un imperio ateo estridente con un historial lamentable en materia de derechos humanos probablemente no era un erudito bíblico. Pero seguramente sabía que si el socialismo no es más que la búsqueda de “una vida mejor para la humanidad”, difícilmente Jesús podría haber sido su primer defensor; de hecho, sería solo uno de varios miles de millones de ellos.

No tienes que ser cristiano para apreciar los errores en la falsedad de Gorbachov. Puedes ser una persona de cualquier fe o ninguna fe en absoluto. Solo hay que apreciar los hechos, la historia y la lógica. Incluso puedes ser socialista, pero con los ojos abiertos, y darte cuenta de que Jesús no estaba en tu lado del campamento.

Primero definamos el término socialismo, a quien el comentario de Gorbachov sólo ofusca. El socialismo no es pensamientos felices, fantasías nebulosas, meras buenas intenciones o niños que comparten sus dulces de Halloween entre sí. En un contexto político, económico y social moderno, el socialismo no es voluntario como las Niñas Exploradoras. Su característica central es la concentración de poder para lograr forzosamente uno o más (o generalmente todos) de estos propósitos: la planificación central de la economía, la propiedad gubernamental de la propiedad y la redistribución de la riqueza. Ninguna cantidad de la retórica de “lo hacemos todo por ti” o “es por tu propio bien” o “estamos ayudando a la gente” puede borrar eso. Lo que hace que el socialismo sea socialismo es el hecho de que no se puede elegir entre opciones, un punto elocuentemente hecho aquí por David Boaz del Instituto Cato:

Una diferencia entre el libertarismo [un sistema basado en la libertad y en una opción personal] y el socialismo es que una sociedad socialista no puede tolerar a grupos de personas que practican la libertad, pero una sociedad libertaria si puede permitir cómodamente que las personas elijan el socialismo de forma voluntaria. Si un grupo de personas, incluso un grupo muy numeroso, quisiera comprar tierras y poseerlas en común, sería libre de hacerlo. El orden legal libertario solo requeriría que nadie sea obligado a unirse o renunciar a su propiedad.

El gobierno, ya sea grande o pequeño, es la única entidad en la sociedad que posee un monopolio legal sobre el uso de la fuerza. Cuanto más fuerza inicia contra la gente, más subordina las elecciones de los gobernados a los caprichos de sus gobernantes – es decir, más socialista se vuelve. Un lector puede objetar esta descripción insistiendo en que “socializar” algo es simplemente “compartirlo” y “ayudar a la gente” en el proceso, pero eso es lenguaje infantil. Es la forma cómo lo haces lo que define al sistema. Hazlo mediante el uso de la fuerza, y es el socialismo. Hazlo a través de la persuasión, el libre albedrío y el respeto por los derechos de propiedad, y es algo completamente distinto.

Entonces ¿Jesús era realmente un socialista? Acercándonos más al punto principal de este ensayo, ¿pidió que el estado redistribuya los ingresos para castigar a los ricos o  ayudar a los pobres?

La primera vez que escuché “Jesús era un socialista” y “Jesús era un redistribuidor” fue hace unos cuarenta años. Me quedé desconcertado. Siempre entendí que el mensaje de Jesús era que la decisión más importante que una persona tomaría en su vida terrenal era aceptarlo o rechazarlo como salvador. Esa decisión claramente debía ser muy personal – una elección individual y voluntaria. Hizo hincapié constantemente en la renovación espiritual interna, que es mucho más crítica para el bienestar que las cosas materiales. Me pregunté: “¿Cómo podría el mismo Jesús abogar por el uso de la fuerza para tomar cosas de unos y dárselo a otros?” Simplemente no podía imaginármelo apoyando una multa o una sentencia de cárcel para las personas que no quieren repartir su dinero para los programas de cupones de comida.

“¡Espera un minuto!” me dirás. “¿No respondió Jesús:” Dale al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios cuando los fariseos trataron de engañarlo para que denunciara un impuesto que los romanos les obligaban a pagar? ” Sí, de hecho, él dijo eso. Se encuentra primero en el Evangelio de Mateo, 22: 15–22, y luego en el Evangelio de Marcos, 12: 13–17. Pero ten en cuenta que todo depende de lo que realmente perteneció al César y de lo que no, lo que en realidad es un respaldo bastante poderoso de los derechos de propiedad. Jesús no dijo nada como “Le pertenece al César si el César simplemente dice que sí, no importa cuánto el quiera, cómo lo consiga o cómo el decida gastarlo”.

El hecho es que uno puede recorrer las Escrituras con un peine de dientes finos y no encontrar una palabra de Jesús que respalde la redistribución forzosa de la riqueza por parte de las autoridades políticas. Ninguno, punto.

“¿Pero no dijo Jesús que vino a defender la ley?” me preguntarás. Sí, en Mateo 5: 17-20 declara: “No piensen que he venido a anular la Ley ni a los Profetas; no he venido a abolirlos sino a cumplirlos”. En Lucas 24:44, aclara esto cuando dice: “Se debe cumplir todo lo que está escrito acerca de mí en la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos”. Él no estaba diciendo: “No importa cuáles sean las leyes que el gobierno apruebe, estoy totalmente a favor”. Él estaba hablando específicamente de la Ley de Moisés (principalmente los Diez Mandamientos) y las profecías de su propia venida.

Considera el octavo de los Diez Mandamientos: “No robarás”. Ten en cuenta el punto y final después de la palabra “robar”. Esta advertencia no dice: “No robarás a menos que el otro tenga más de lo que tienes” o “No robarás a menos que estés absolutamente seguro de que puedes gastarlo mejor que el que lo ganó”. Tampoco dice: “No debes robar, pero está bien contratar a otra persona, como un político, para que lo haga por ti”.

En caso de que la gente todavía sienta la tentación de robar, el décimo mandamiento nos conduce a cortar uno de los principales motivos para robar (y para redistribuir): “No codiciarás”. En otras palabras, si no es tuyo, aleja tus manos de ello.

En Lucas 12: 13–15, Jesús se enfrenta a una solicitud de redistribución. Un hombre con una queja se le acerca y le pregunta: “Maestro, dígale a mi hermano que divida la herencia conmigo”. Jesús responde así: “Hombre, ¿quién me nombró un juez o un árbitro entre ustedes? ¡Cuidado! Estén alerta contra toda clase de codicia; la vida no consiste en una abundancia de posesiones”. ¡Guauu! Pudo haber dividido la riqueza entre dos hombres con un gesto de la mano, pero en su lugar decidió denunciar la envidia.

Si me preguntas “¿Qué pasa con la historia del buen samaritano? ¿Acaso no justifica los programas gubernamentales de subsidio o la redistribución?”  ¡La respuesta es un rotundo  NO!” Considera los detalles de la historia, como se registra en Lucas 10: 29–37: Un viajero se encuentra con un hombre al costado de una carretera. El hombre había sido golpeado, robado y dejado medio muerto. ¿Qué hizo el viajero? Ayudó a ese mismo hombre, en el acto, con sus propios recursos. No dijo: “Escribe una carta al emperador” o “Ve a ver a un empleado del gobierno” y alejarse. Si hubiera hecho eso, probablemente hoy sería conocido como el “El Samaritano Bueno Para Nada”, si es que acaso le recordáramos.

La historia del Buen Samaritano aboga por ayudar a una persona necesitada voluntariamente por amor y compasión. No hay ninguna sugerencia de que el samaritano “le deba” nada al hombre necesitado o que el deber de un distante político fuese ayudarlo con el dinero de otras personas.

Además, Jesús nunca pidió la igualdad de la riqueza material, y mucho menos el uso de la fuerza política para lograrlo, incluso en situaciones de extrema necesidad. En su libro, Biblical Economics, el teólogo R. C. Sproul, Jr., señala que Jesús “quiere que los pobres sean ayudados”, pero no a punta de pistola, que es esencialmente de lo que trata la fuerza del gobierno:

Estoy convencido de que las políticas económicas que involucran la redistribución forzosa de la riqueza a través de la intervención del gobierno no son correctas ni seguras. Tales políticas son carentes éticas e ineficaces … En la superficie pareciera que los socialistas están del lado de Dios. Desafortunadamente, sus programas y formas expanden una mayor pobreza a pesar de que en sus corazones siguen siendo leales a la eliminación de la pobreza. La falacia trágica que invade al pensamiento socialista es que existe necesariamente una conexión causal necesaria entre la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres. Los socialistas suponen que la riqueza de un hombre se basa en la pobreza de otro; por lo tanto, para detener la pobreza y ayudar al pobre, debemos tener socialismo.

Yo le añadiría este apéndice al comentario de R.C Sproul: a veces una persona se hace rica en su totalidad o en parte debido a sus conexiones políticas. Obtiene favores o subsidios especiales del gobierno o utiliza al gobierno para acabar con sus competidores. Ningún pensador consistentemente lógico que favorezca la libertad y los derechos de propiedad, ya sea cristiano o no, apoyaría tales prácticas. Son formas de robo y su fuente es el poder político, la cosa muy debilitante de la que los progresistas y los socialistas defienden más.

La riqueza legítima se deriva voluntariamente. Viene de la creación de valor y el intercambio voluntario, mutuamente beneficioso. No brota del poder político que redistribuye a la inversa, tomando de los pobres y dando a los ricos. Los empresarios económicos son una bendición para la sociedad; Los empresarios políticos son otro animal totalmente diferente. Todos nos beneficiamos cuando un Steve Jobs inventa un iPhone; pero cuando el Cowboy Poetry Festival en Nevada recibe una subvención federal debido al senador Harry Reid, o cuando Goldman Sachs obtiene un rescate a expensas de los contribuyentes de impuestos, millones de nosotros salimos heridos y tenemos que pagar por ello.

¿Que pasa con Jesús castigando a los comerciantes con un látigo y volcándoles sus mesas? Eso suena como un revolucionario marxista anti-comercio. En realidad se debe leer el contexto, así como Jesús sugiere la separación Estado – Iglesia (Mateo 22:15-21), también sugiere la separación Negocios – Iglesia, el templo era un lugar de oración y estaba prohibido por la Ley Mosaica del Antiguo Testamento utilizarlo para otra cosa que no fuese adorar a Dios, Jesús además estaría cumpliendo con las profecías que se dijeron sobre el Mesías, por ello Jesús dijo: “Dejen de hacer la casa de mi Padre una venta de mercancías”. ¿Por qué reaccionó así Jesús? Porque apreciaba profundamente el templo, les dijo a los comerciantes no por comerciar sino por su falta de respeto a Dios. Al verlo, sus discípulos recordaron lo que siglos antes había escrito el salmista David sobre el mesías: “El celo por tu casa me consumirá” (Salmo 69:9).

¿Qué pasa con la referencia en el libro de Hechos dónde los primeros cristianos vendían sus bienes terrenales y compartían como comunidad las ganancias? Eso suena como una utopía progresista. Sin embargo, en una inspección más cercana, resulta que esos primeros cristianos no vendieron todo lo que tenían y no se les dió la  orden ni se esperaba que lo hicieran. Continuaron reuniéndose en sus propias casas privadas, por ejemplo. En su capítulo cómo contribuyente al libro publicado en 2014 “Al menor de estos: una respuesta bíblica a la pobreza”, Art Lindsley del Institute for Faith, Work, and Economics escribe:

Nuevamente, en este pasaje de Hechos, no hay ninguna mención del gobierno en absoluto. Estos primeros creyentes contribuyeron con sus bienes libremente, sin ser forzados a ello, voluntariamente. En otras partes de las Escrituras, vemos que incluso a los cristianos se les instruye a dar de esta manera, de manera libre, porque “Dios ama a quien da con alegría” (2 Corintios 9: 7). Hay abundantes indicios de que los derechos de propiedad privada todavía estaban en vigor.5

Puede decepcionar a los progresistas saber que las palabras y los hechos de Jesús confirmaron repetidamente virtudes capitalistas de importancia crítica como el contrato, la ganancia y la propiedad privada. Por ejemplo, considere su parábola de los talentos (Mateo 25: 14–30). De varios hombres en la historia, el que toma su dinero y lo entierra es reprendido, mientras que el que invierte y genera el mayor rendimiento es aplaudido y recompensado.

Aunque no son fundamentales para la historia, las buenas lecciones de oferta y demanda, así como lo sagrado del contrato, son evidentes en la parábola de Jesús de los trabajadores de la viña (Mateo 20: 1–16). Un terrateniente ofrece un salario para atraer trabajadores para un día de trabajo urgente recogiendo uvas. Cerca del final del día, se da cuenta de que tiene que contratar rápidamente más y para obtenerlos, ofrece por una hora de trabajo lo que anteriormente había ofrecido a pagar a los primeros trabajadores durante todo el día. Cuando uno de los que trabajaron el día completo se quejó, el terrateniente respondió: “No estoy siendo injusto con usted, amigo. ¿No estuvo de acuerdo en trabajar para un denario? Tome su paga y váyase. Quiero darle al que  contraté al final el mismo monto que di a usted. ¿No tengo derecho a hacer lo que quiero con mi propio dinero? ¿O sientes envidia porque soy generoso?

La conocida “Regla de oro” viene de los labios del mismo Jesús, en Mateo 7:12. “Entonces, en todo, haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti, porque esto resume la Ley y los Profetas”. En Mateo 19:19, Jesús dice: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. En ningún lugar, ni siquiera remotamente, sugiere que no nos guste un vecino debido a su riqueza o que busquemos quitarle su riqueza. Si usted (al igual que la mayoría de la gente) se opone a que su propiedad sea confiscada , entonces claramente no debe confiscar la de alguien más.

La doctrina cristiana advierte contra la codicia. Lo mismo dice el actual economista Thomas Sowell: “Nunca he entendido por qué si es codicia querer conservar el dinero que has ganado, pero no es codicia querer tomar el dinero de otra persona”. Usar el poder del gobierno para apoderarse de la propiedad de otra persona no es algo exactamente altruista. Jesús ni siquiera dio a entender que acumular riqueza a través del comercio pacífico de alguna manera estaba mal; simplemente imploraba a la gente que no permitiera que la riqueza los gobernara o corrompiera su carácter. Es por eso que su gran apóstol, Pablo, no dijo que el dinero era malo en la famosa referencia en 1 Timoteo 6:10. Esto es lo que Pablo realmente dijo: “Porque el amor al dinero es la raíz de todo tipo de maldad. Algunas personas, ávidas de dinero, se han alejado de la fe y fueron traspasados con muchos dolores”. De hecho, los progresistas mismos no han abandonado el dinero desinteresadamente, ya que es el dinero de otras personas, especialmente el de “los ricos”, por lo que siempre claman.

En Mateo 19:23, Jesús dice: “En verdad les digo que será difícil para alguien rico entrar en el reino de los cielos”. Un redistribuciónista podría decir: “¡Eureka! ¡Ahí está! A él no le gustan los ricos” y luego extiende el comentario más allá del reconocimiento para justificar un esquema de robar a Pedro para pagar después de Pablo. Pero esta exhortación es totalmente consistente con todo lo que Jesús dice. No es un llamado a envidiar a los ricos, a tomar de los ricos o a darles teléfonos celulares “gratuitos” a los pobres. Es una llamada al carácter. Es una observación de que algunas personas dejan que su riqueza los gobierne, y no al revés. Es una advertencia sobre las tentaciones (que vienen en muchas formas, no solo en la riqueza material). ¿No todos hemos notado que entre los ricos, como es igualmente cierto entre los pobres, tienes tanto gente buena como mala? ¿Has visto algunas celebridades ricas corrompidas por su fama y fortuna, mientras que otras entre las ricas viven vidas perfectamente honestas? ¿No hemos visto a algunas personas pobres que permiten que su pobreza los desmoralicen y molesten, mientras que otras personas de entre los pobres consideran que es un incentivo para mejorarse a sí mismos y a sus comunidades?

Cuando apareció la primera versión de este ensayo en enero de 2015, varios amigos “progresistas” plantearon Romanos 13: 1-7 como evidencia contraria a mi tesis. (Sentimientos similares se expresan en 1 Pedro 2: 13-20 y Tito 3: 1-3.) En el pasaje de Romanos 13, el apóstol Pablo exhorta a la sumisión a las autoridades gobernantes y advierte contra la rebelión. También dice que si usted debe impuestos, pague sus impuestos. Así que un socialista o “progresista” de hoy podría decir que esto bendice todo tipo de cosas, incluida la redistribución, un estado de bienestar, o lo que sea que el estado quiera hacer por ti o por ti. Esto es un gran salto.

Aquí, como en todas las otras partes de la Biblia, el contexto es importante. Pablo estaba hablando a los primeros cristianos en un ambiente lleno de sentimientos anti-romanos. Indudablemente, yo no hubiese querido que el crecimiento del cristianismo fuese desviado por la violencia u otras provocaciones contra los romanos que serían brutalmente reprimidas. Yo estaría intentando poner la visión de la gente en lo que considero las cosas más elevadas, cosas de importancia mayor e inmediata.

Pero es un gran error extrapolar lo que Pablo dijo para justificar una visión particular del papel del gobierno, llamándolo “progresista” o “socialista”. Supongamos que las “autoridades gubernamentales” tienen un estado mínimo con restricciones constitucionales y garantías de libertades personales y propiedad privada. Supongamos, además, que las reglas de ese acuerdo aconsejan claramente a los gobernados: ” Nosotros le protegemos de las agresiones contra sus derechos y propiedad, pero a cambio no le damos cosas gratis. Caridad voluntaria y comercio, para tratarnos unos con otros pacíficamente; para vivir como usted elija, siempre y cuando cada uno no dañe a otro. Pero nosotros, en el gobierno, no le robaremos a Pedro para pagarle a Pablo.” No hay nada en Romanos 13: 1-7 que diga que a estas autoridades gobernantes se les debe menos respeto que si fueran redistribucionistas del estado del bienestar.

Así que claramente, los versículos de Romanos 13: 1-7 afirman la legitimidad del gobierno per se, pero no ordena lo que los “progresistas” y los socialistas de hoy demandan. La Biblia, de hecho, está llena de historias sobre personas que se resistieron con valentía y rectitud al alcance excesivo de los gobiernos. ¿Alguien realmente cree que si Jesús hubiera estado predicando justo antes del éxodo de los judíos de Egipto, habría declarado: “El faraón exige que se quede, así que deshagan las maletas y vuelvan al trabajo?”

Norman Horn, un ingeniero químico, científico investigador y fundador de LibertarianChristians.com, señala que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento brindan numerosos casos de desobediencia laudatoria al estado:

Los Hebreos desafiando los decretos de Faraón para asesinar a sus infantes (Éxodo 1); Rahab mintiendo al rey de Jericó sobre los espías hebreos (Josué 2); Aod engañando a los ministros del rey y asesinando al rey (Jueces 3); Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego se niegan a cumplir con los decretos del rey, y milagrosamente se salvan dos veces por hacerlo (Daniel 3 y 6); los magos del oriente desobedeciendo las órdenes directas de Herodes (Mateo 2); Pedro y Juan eligiendo obedecer a Dios en lugar de a los hombres (Hechos 5).

A riesgo de extenderme en el punto, comparto estos comentarios perspicaces de una conversación con mi colega Jeffrey Tucker de la Fundación para la Educación Económica:

María, Jesús y José huyeron de Belén en lugar de someterse a la orden de Herodes de matar a todos los bebés. Si Romanos 13 significa que todos deben someterse siempre, Jesús habría sido asesinado en las semanas posteriores a su nacimiento. La resistencia, por supuesto, puede ser moral. El cristianismo ha inspirado resistencia al Estado a lo largo de la historia y en los tiempos modernos, desde la Revolución Americana hasta las protestas por los derechos civiles hasta la resistencia en Polonia contra el comunismo. El mismo Jesús dio el ejemplo: evitó el gobierno cuando pudo, resistió de manera prudente cuando fue posible y, en última instancia, cumplió cuando tuvo que hacerlo.

La evidencia empírica de hoy es tan abrumadora que, como dijo Montesquieu hace dos siglos, “los países mejor cultivados, no lo son por fértiles, sino por libres”. Las naciones que poseen mayor libertad económica (y los gobiernos más pequeños) tienen tasas más altas de crecimiento económico a largo plazo y son más prósperos que aquellos que se involucran en prácticas socialistas y redistribucionistas. Los países con los niveles más bajos de libertad económica también tienen los niveles de vida más bajos. Los países libres y su gente son los mayores donantes de caridad, mientras que, en términos netos, los socialistas son quienes se colocan decisivamente en el extremo receptor. ¿Por qué es esto relevante? Porque no se puede redistribuir nada a nadie que no fue creado por alguien primero, y la evidencia sugiere que lo único duradero que hacen las creaciones de socialistas y redistribucionistas para los pobres es darles mucha compañía.

En las enseñanzas de Jesús y en muchas otras partes del Nuevo Testamento, se recomienda a los cristianos – de hecho, a todas las personas – que sean de “espíritu generoso”, que cuiden de su familia, ayuden a los pobres, ayuden a las viudas y huérfanos, muestren bondad. y mantener el carácter más elevado. El cómo todo eso se transforma en el negocio sucio de los esquemas impulsados políticamente de redistribución y de compra de votos  es el problema de los promotores de una agenda. No es un problema para los estudiosos de lo que la Biblia realmente dice y no dice.

Busca en tu conciencia. Considera la evidencia. Ten en cuenta los hechos. Pregúntate: cuando se trata de ayudar a los pobres, ¿preferiría Jesús que donara mi dinero libremente al Ejército de Salvación o, a punta de pistola, al departamento de asistencia pública?

Jesús no era un tonto. No le interesaban los cargos públicos de carácter caritativo en las que los fariseos legalistas e hipócritas querían participar. El pasó de la charla egoísta y barata de ellos. Él sabía que a menudo era poco sincero, rara vez indicativo del cómo conducían sus asuntos personales, y siempre era un callejón sin salida con muchas trampas y desilusiones en el camino. Difícilmente tendría sentido para él defender a los pobres apoyando políticas que socavan el proceso de creación de riqueza necesario para ayudarlos. En el análisis final, Él nunca aprobaría un esquema que no funciona y está arraigado en la envidia o el robo. A pesar de los intentos de muchos progresistas de hoy en día para convertirlo en un redistribuidor del estado del bienestar, Jesús no era nada de eso.

Si bien Jesús sugiere ayudar al pobre y tender una mano al necesitado (Lucas 10:25-37) lo dice como algo que debe practicar el creyente en su vida (individuo) no el Estado. Mucho menos dice que se le debe quitar dinero, negocios o propiedades a uno para darle a otro (socialismo) por el contrario al mal administrador quita y al buen administrador sobreabunda quitando la idea de la falsa igualdad social (Mateo 25:14-30).

Pese a lo que nos han querido hacer creer no hay evidencia bíblica de que Jesús apoyara ninguno de los postulados del marxismo, Jesús nos enseña que la caridad es privada y voluntarista, un asunto de cada quien, que debemos dejar de seguir a los hombres, adorar a Dios y confiar absolutamente en El primero que al Estado, el no se rindió al Cesar, El le dijo la verdad, por todas estas cosas amigos míos, Jesús era un enemigo del socialismo.

ENTONCES; ¿ESO QUIERE DECIR QUE JESÚS ES DE DERECHAS?

Ahora, algunos se preguntarán: Bueno, está bien, entiendo que no era socialista, ¿eso lo convierte en un derechista? ¿Si el ha de venir por segunda vez a establecer un Reino que clase de políticas hará? – ¿Cuál es el pensamiento político de Jesucristo el mesías? Para responder a esta pregunta tenemos que ir a las escrituras:

Los políticos de toda clase usan a Jesús como un referente de lo que su sistema ofrece y dicen: “Esto es lo que Jesús quería”; Pero la misión del mesías prometido para redimir pecados y hacer la paz entre la humanidad y Dios tiene un propósito mucho más elevado que promover un sistema político humano y temporal, sin embargo, mientras vivimos aún en esta humanidad caída y destinada a destrucción por el pecado, podemos elegir lo que más se asemeje a lo que Dios aprueba. Si un sistema político se basa en el robo, la opresión y la muerte usted ya sabe que por allí no es la cosa.

El sistema de Gobierno de Jesús “no es de este mundo”, pero si lo comparásemos, lo mas parecido a lo que Jesucristo establecería es una Monarquía donde el Rey es dueño, señor y soberano sobre todo su Reino.

Jesús es un REY. Sus edictos son ordenes reales y sus seguidores son siervos o súbditos. No hay alternativas democráticas ni votaciones en su Reino, no existe un Parlamento con varios Partidos ni Institución alguna por encima de su Majestad (Isaias 45:7).

No hay doctrina humana que pueda entender cabalmente el Reino de Dios y dado que el hombre por naturaleza es pecador, imperfecto y limitado TODOS sus sistemas de organización política son imperfectos y limitados (Salmos 51:5).

Las ideas puristas y utópicas ideadas en los laboratorios doctrinales de La Internacional Socialista o La Internacional Liberal no son aplicables a la diversa y compleja realidad del Reino de Dios (Isaias 55:8).

Su Reino es inconmovible, eterno, no es fisico (Daniel 2:44) ni siquiera consiste en comidas o bebidas (Romanos 14:17).

La palabra política viene del griego “Polis” (ciudad) y “Tikom” (organización), es decir organizar la ciudad.

El trabajo de la Iglesia como cuerpo de Cristo hasta el día en que vuelva es un trabajo altamente político pues se le dió autoridad para ordenar la tierra (Efesios 1:22), para juzgarla (1 Corintios 6:2), para establecer un Reino, anunciar a su Rey e instaurar el orden de Dios, creemos que esto tiene un impacto positivo en la sociedad mucho mayor que una política publica, lo que usted no debe hacer es quedarse “neutral” cuando vea situaciones de injusticia, corrupción y tiranía en su nación entendiendo que la naturaleza del hombre es pecaminosa y corrupta y que si se le dan poderes absolutos a un hombre este se corromperá absolutamente, el problema es el corazón del hombre (Mateo 15:19).

Sin embargo no olvide nunca que debe siempre estar del lado de la verdad, “es preferible la verdad a la paz” decían los reformadores protestantes, también recuerde que Biblia nos llama a “alzar nuestra voz contra la injusticia” y abogar “por los pobres y desamparados” (Proverbios 31:8).

Muchos políticos que dicen haber aceptado a Jesús como su Señor en realidad lo aceptaron como su mascota, deje de confiar ciegamente en los políticos, no ponga toda su confianza en los hombres (Jeremías 17:5)

Defendamos la verdad del Evangelio frente a quienes pretenden sacar votos con ella, pues TODOS los reyes de la tierra pertenecen a BABILONIA la Gran Ramera (Apocalipsis 18:9). Después de todo usted descansa en los méritos de Cristo y su sacrificio en la cruz, no en los méritos de un idealismo humano y sus innumerables corrientes y escuelas de pensamiento.

Puede estar seguro que lo que menos le interesara al Señor el día del juicio es si usted era comunista o capitalista. Si usted muere probablemente irá al infierno, y lo merece, toda la humanidad merece todo lo malo que le pase. Jesús vino a recibir el castigo para calmar la ira de Dios y usted pudiese ser salvado en forma de intercambio y rescate. Eso es más importante que una ideología política que adopte, pues usted vivirá en esta tierra escasos 80 años, pero por toda la eternidad en uno de dos lugares, su FE en Jesús determinará en dónde lo pasará.

JESÚS ES UN REY Y SU SISTEMA DE GOBIERNO NI ES HUMANO NI ES DE ESTE MUNDO. SUS PENSAMIENTOS SON MUCHO MAS ALTOS QUE LOS NUESTROS.

“Entre dos males, no apoye al menos malo, sencillamente no apoye a ninguno.” – Charles Spurgeon

Para finalizar Jesús le pide que lo siga exclusivamente a El y deseche cualquier sistema, cualquier método de control humano, todos los “ismos” llevaran a la perdición si hace de ellos un ídolo, la Biblia le pide al creyente que debe orar por los líderes y obedecer a las autoridades siempre y cuándo estas no estén en abierta oposición a Dios (Hechos 5:29) pero si le toca asumir una postura siempre busque la opción que ofrezca más libertad, porque como decía Bastiat “la libertad es la fe en que Dios y su obra saben más” . Recuerde que mientras llegue Cristo en gloria usted puede apoyar un sistema dónde los hombres sean libres:  “donde está el Espíritu del Señor hay libertad.” (2 Corintios 3:17) un sistema que promueva la responsabilidad individual “y ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones.” (Galatas 5:13), un sistema que no promueva la vagancia y el asistencialismo: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.” (2 Tesalonicenses 3:10)  y un sistema que no esclavice a nadie ni promueva la tiranía pues Dios la detesta (Isaías 10).

8 comentarios sobre “No, JESÚS no es un SOCIALISTA

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