La FE y la FAMILIA juegan rol más importante en el Logro Académico que Raza, Sexo y el Estatus Económico (Cifras y DATA)

En el mundo académico y de los think tanks, reflexionar sobre las soluciones a la famosa brecha de rendimiento ocupa un lugar central”, esta es la observación que hace el Dr. Ronald Roach, prolífico escritor académico de Diverse: Issues in Higher Education. La frase “brecha de rendimiento” o “brecha de logros” se refiere a las discrepancias bien documentadas entre los logros académicos de los afroamericanos y latinos por un lado y los estudiantes blancos por el otro. ¿Qué explica la brecha? Al principio se creía que se debía al factor raza. El estudio y meta-análisis de Roach reveló que si un estudiante afroamericano o latino era una persona “de fe” y provenía de una familia “estable” (de dos padres biológicos presentes), la brecha de rendimiento desaparecía por completo, incluso cuando se ajustaba por estatus socio-económico y zona de residencia.

En los EEUU actualmente hay dos teorías, o mejor dicho, dos escuelas de pensamiento sobre cuál debe ser la mejor manera de eliminar esta “brecha de rendimiento”. El primer grupo pide al gobierno que centre su atención en eliminar las “brechas de oportunidades”, argumentando que esto conducirá a un mayor rendimiento académico entre los estudiantes actualmente “desfavorecidos” o marginizados. Estas brechas de oportunidades incluyen factores como ser miembro de una minoría racial, discriminación, mala nutrición, atención médica inadecuada, no tener acceso a una educación pública de alta calidad, provenir de una familia en la que los padres tienen poca educación o no hablan inglés como su primer idioma, ​​falta de acceso a Internet y computadoras etc.

Un segundo grupo de académicos y líderes comunitarios se centra en reducir esta “brecha de rendimiento” al abordar lo que se conoce como las “brechas de oportunidades”, pero advierten que las causas de la brecha de rendimiento son complejas. Van más allá de los factores comúnmente identificados como “brechas de oportunidades”. Por ejemplo, este segundo grupo enfatiza que las decisiones personales que toman individualmente los padres y los niños con respecto a la escuela y a su formación en casa tienen un impacto considerablemente mayor en la brecha de rendimiento. ¿Qué tan involucrados decidirán los padres involucrarse?, ¿Cuánto ayuda la fe del niño a lidiar con el estrés escolar?, ¿Cuánto decidirá la familia enfatizar la fe en Dios y el sentido de propósito en la vida, evitar la trampa y trabajar duro, con excelencia y esfuerzo para realizar ese propósito?, ¿Cuánto importa al niño ser honesto y honrado?, ¿cuánto le importa “agradar a Dios” y a sus padres? y un sinfín de preguntas individuales que sugieren facetas complejas de personalidad en el estudiante.

Los investigadores que se centran en la brecha de rendimiento creen que si el gobierno o la sociedad estadounidense enfatiza uno u otro punto en la educación de los niños, esto será lo decisivo, porque creen que la mayoría de los componentes de la “brecha de oportunidades” son externos a la familia y están más allá del dominio y control de la familia. Por el contrario, quienes apoyan la perspectiva de la “brecha de oportunidades” creen que un número considerable de soluciones a las diferencias educativas existen internamente, bajo el control de la familia y la experiencia del mismo estudiante. Los psicólogos tienen una frase para resaltar esta distinción: afirman que, cuando se trata de resolver los desafíos difíciles de la vida, generalmente uno tiene un locus de control interno y uno externo. Además, afirman que tener un locus de control interno es mucho más saludable que conformarse con un locus de control externo; ellos dicen que poseer un locus de control externo conduce a lo que a menudo se llama “desamparo aprendido”, es decir, un sentimiento de que uno puede hacer poco o nada para mejorar sus circunstancias.

La sorprendente importancia de la familia y la fe del estudiante

Los datos presentados fueron inesperados pero son bastante claros: la estructura familiar y la participación de los padres fueron los principales factores explicativos y las soluciones con respecto a la brecha de rendimiento. Incluso los investigadores escolares Wade Boykin y Pedro Noguera, admiten queestas brechas aparecen incluso antes de que los estudiantes comiencen la educación formal, incluso antes de aprenderse el vocabulario“. Si las brechas existen incluso antes de que los niños comiencen a asistir a la escuela, ¿por qué se presta tanta atención a las brechas basadas en la escuela en lugar de a los factores familiares?

También la investigación de Dick Carpenter, Al Ramirez y Laura Severn encontró que las brechas causadas por factores familiares a menudo eran mayores que las causadas por la raza. Hay un viejo adagio popular estadounidense que reza que cuando un caucásico proviene de un solo padre o de una estructura familiar mixta, “pierde la ventaja de ser blanco“. Todavía sigue siendo inusual que un niño blanco nazca fuera del matrimonio (una probabilidad del 28.2%), pero es común que un estudiante afroamericano provenga de una familia monoparental (una probabilidad del 69.4%).

Los elementos familiares que estaban más fuertemente asociados con una reducción en la brecha de rendimiento provenían de una familia de dos padres biológicos y altos niveles de participación de los padres. Quizá esta es la respuesta de por qué los niños que estudian bajo el régimen de Homeschooling son superiores académicamente, se debe un poco más al involucramiento de los padres en el éxito de los hijos que al programa en sí. Los estudios señalan que hay una profunda interrelación: cuando dos padres están presentes, esto maximiza la frecuencia y la calidad de la participación de los padres. Sin duda, hay muchos padres solteros dedicados. Sin embargo, la realidad es que cuando uno de los padres debe asumir los roles y funciones de dos, es simplemente más difícil que cuando hay dos padres presentes. A menos que mejoremos la estabilidad familiar y, por lo tanto, la participación de los padres, es probable que la brecha de logros se mantenga durante las próximas décadas.

Además de la estructura familiar, los estudios señalan que la fe de un estudiante también tiene un impacto significativo en su desempeño académico. Asistir con regularidad a la iglesia o templo, hacer oraciones y definirse como una persona muy religiosa produjo las reducciones más significativas en la brecha de rendimiento según los investigadores. Es probable que haya varias razones para esta relación; la fe puede dar a una persona un sentido de propósito en la vida, un sentido de que debe esforzarse por mejorar y un estilo de vida disciplinado que pudiese respaldar este desempeño académico.

Quizás lo más significativo es que el metanálisis reveló que, si un estudiante afroamericano o latino era una persona de fe y provenía de una familia de dos padres biológicos, la brecha de rendimiento entre ellos y los estudiantes blancos desaparecía por completo, incluso cuando se ajustaba por estatus socioeconómico. Varios otros estudios han confirmado que a las personas de fe les va mejor en la escuela por un margen bastante considerable. Un ejemplo reciente es un estudio realizado por Ilana Horowitz de la Universidad de Stanford, afirmó que existe una “brecha de rendimiento entre el estudiante que abusa y el estudiante que evita”.

Numerosos estudios de investigación han concluido que los factores familiares son mucho más importantes que los factores escolares para influir en el rendimiento académico. Entonces, ¿por qué es tan difícil para tantos especialistas y políticos comprender que la misma verdad se aplica con respecto a la brecha de rendimiento? Con todos los cientos de miles de millones de dólares que se han invertido en reducir la brecha de rendimiento con un éxito marginal, reconocer y trabajar para mejorar los nexos familiares y religiosos probablemente sería mucho más efectivo para reducir las brechas de rendimiento raciales y socioeconómicas entre los blancos y las minorías.

¿Qué debemos hacer entonces?

Las siguientes propuestas han sido sumarizadas por el Profesor William Jeynes, profesor de Educación en la California State University. En la medida que el involucramiento de los padres es vital, debemos estar más al tanto de la educación de nuestros hijos y esto es un trabajo del diario. Por otro lado, en la medida en que la fe personal de los estudiantes se asocie con un mayor rendimiento y una brecha de rendimiento reducida, nosotros podemos inculcar mayor fe a nuestros hijos y el Departamento de Educación de nuestros países podría considerar la adopción de políticas que sean más favorables a la fe. Primero, debería considerar políticas más agresivas para eliminar la idea de asignarle a cada niño su colegio, o quizá promover un programa de elección de escuela que incluya tanto a los padres como a las escuelas privadas. Esto alentaría el crecimiento de escuelas religiosas privadas. En segundo lugar, debería considerar aclarar y ampliar las pautas de libertad religiosa de las escuelas públicas.

La religión no ofrece una píldora mágica para una vida exitosa, pero la participación en la iglesia está claramente asociada con resultados positivos en las relaciones y la vida familiar, esto descubrieron Wilcox y Wolfinger. Esto se confirma incluso en medio de tasas de matrimonio más bajas y tasas de convivencia más altas entre negros y latinos, así como entre blancos.

Sí, por supuesto. Aún existen desigualdades, bullying, racismo y estereotipos, y debemos trabajar para erradicar sus efectos nocivos. Sin embargo, también debemos reconocer que hay otras fuerzas en juego aquí. Que cada individuo es único y que las super soluciones en macro no existen para una sociedad compuesta de individuos únicos. Esta investigación indica que una combinación de factores está en el centro de la brecha de rendimiento, factores que incluyen, entre otros, las decisiones que toman los padres y los niños con respecto a la escuela. Estas decisiones incluyen las decisiones de los padres con respecto a cuánto deben participar en la educación de sus hijos y cuánto enfatizar la fe en el hogar, incluida la disciplina, el orden y el propósito de la vida. Si queremos cerrar esa brecha, debemos dejar de verlo como una guerra entre razas y adoptar un enfoque integral e interdisciplinario.

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