Winston Churchill y su “Cristianismo Civilizador”

Recientemente me dediqué a la lectura de discursos de políticos prominentes de finales de los siglos XVIII, IXX y principios del XX en Estados Unidos. Curiosamente en TODOS los discursos hay menciones a Dios, a pasajes de las escrituras y a versículos específicos.

Viene de estas épocas el famoso tradicional cierre de cada discurso presidencial “God Bless America“, me sorprendió la manera simple en cómo la Biblia y su mensaje eran algo certero, presente y evidente para cada político estadounidense en su cosmovisión de la justicia y la sociedad, tanto en demócratas como en republicanos, desde Washington hasta Reagan.

Entregándome a la indagación de si dicho precedente se repite en otra de las naciones – también protestantes que más admiro y partera de la otrora, la Inglaterra pasada más no la moderna – dedicóme al estudio del discurso de sus prominentes políticos, haciéndolo por mero ejercicio intelectual decidiendo libremente el comenzar por Churchill.

Mientras leía los discursos, hubo uno que me impactó: “Ningún evento desde el comienzo de la era cristiana es es más probable que fortalezca y restaure la fe del hombre en el gobierno moral del universo”, con estas palabras Churchill recibió al millón de soldados estadounidenses que vendría para luchar en la guerra ((Walking With destiny, p180).

Sabemos que Churchill fue un escritor prolífico ganador del Premio Nobel de Literatura, que fue un artista dedicado a la pintura con más de 500 obras, pero poco sabemos de su visión del cristianismo.

El glorioso patriota anciano amargado, odiado por su partido y amado por su nación que “salvó” a la civilización de la barbarie nazista, luchó con denuedo contra la Unión Soviética y devolvió el patrón oro a la libra esterlina lo sabía muy bien. El sabía que la grandeza de Inglaterra se debía en buena parte a su tradición cristiana.

Churchill fue un gran propulsor del Estado de Israel, de hecho, Chaim Weizmann, el fundador del Estado judío, una vez dijo: “Hombres como Balfour, Churchill y Lloyd George eran profundamente religiosos y creyeron en la Biblia.”

Sin embargo Churchill no era un dogmático, para el La Biblia era un libro sagrado si, pero más un libro de sabiduría profunda que servía como elemento moral, civilizador y pacificador para una sociedad. Pero eso si, en lo que si fue dogmático Churchill, fue en esto: Mientras exaltaba las virtudes del protestantismo, con el mismo tesón desdeñaba profundamente al catolicismo romano.

“Difícilmente podrían llamarme un pilar de la Iglesia, tengo más la naturaleza de un contrafuerte, porque la apoyo desde afuera.”

Primero quiero precisar que Churchill no era un cristiano, si era un “creyente de Dios”, pero no en el sentido religioso de la palabra. No era un hombre que se detuviese a meditar en la Biblia, tuviese un devocional de oración diario y claramente no era un aficionado al asistir a la Iglesia.

Teniendo lo anterior claro, es importante resaltar que Churchill fue un escéptico declarado entre sus 20s y 30s, luego en su adultez era sencillamente un “teísta” que promovía un cristianismo que conocía más por sus frutos en lo moral, lo social, lo económico y en lo cultural que por sus bondades al espíritu, es lo que hoy muchos denominan “cristianismo cultural“, incluso ateos como Richard Dawkins valoran al cristianismo sólo por estos aportes y se dan a conocer como “Cristianos Culturales”, especialmente frente al avance del Islam y el marxismo en Occidente.

Churchill sentía que había sido predestinado por la providencia para liderar a su nación – y de esto hablaremos luego – sin embargo no se sentía cómodo con la idea de pensar en la vida después de la muerte, el pensaba que el cristianismo era verdad, pensaba que era uno de los factores que hacían grande a su nación y la blindaban contra cualquier totalitarismo, pero no se veía como un seguidor sino como un promotor.

La opinión personal del autor de esta investigación es que – si bien produce cambios beneficiosos a la sociedad – esta visión del cristianismo no es el cristianismo completo y verdadero, es sólo una pequeña sombra, esta forma de ver al cristianismo no es capaz de reconocer a Cristo como Rey sobre todas las cosas, ni de cambiar el corazón perverso del hombre, ni de salvar al hombre de sus pecados y rebelión ni – como consecuencia de ello – del castigo que le espera en el infierno de tormento y es justamente esta salvación gratuita ganada por Cristo (el evangelio) el centro de toda la doctrina cristiana, y no un cambio social ni una costumbre moral, aquí puede indagar un poco más sobre estos temas, prosigamos con Churchill y su “Cristianismo Civilizador”.

Una niñez dolorosa endulzada por el Cristianismo

Los padres de Churchill vivieron vidas públicamente desacreditadas, pecaminosas y ruidosas ajenas a los mandamientos cristianos. El niño Churchill con frecuencia se sentía solo, carente de amor y abandonado.

Sin embargo, hubo una figura amorosa en la infancia de Winston. Su niñera, Elizabeth Everest, lo animó y le mostró el amor que no recibía de sus padres. Fue su “nanny” quien sembró las primeras semillas de fe en un joven Churchill enfermizo y a quien acosaban en el colegio.

Antes de Churchill, Elizabeth Everest fue la nana de la familia del predicador Rev. Thompson Phillips durante 12 años, pero en 1875 comenzó a trabajar para los Churchill justo un mes después del nacimiento de Winston.

Ella era tan importante para él que cuando fue despedida por la familia Churchill (una vez que los niños fueron mayores), Winston le dio su propio dinero, se encargó de su atención médica más adelante en su vida, estuvo junto a su cama cuando murió, pagó por su tumba, le dió una suma de dinero anual a la florista del cementerio para que mantuviese la tumba cuidada y mostró su retrato en su casa hasta su muerte.

Esta relación estaba completamente fuera de las costumbres de la clase alta de Winston y fue ofensiva para sus padres, pero esta mujer fue una de las más importantes de su vida. Fue la señorita Everest quien le hablaba de Dios, pero también al parecer le hablaba mal de la iglesia.

En My Early Life, su libro autobiográfico publicado en 1930, Churchill escribió sobre cómo durante los años que pasó en la escuela preparatoria de Ascot, su amada enfermera y confidente la Señorita Everest, tenía un profundo odio hacia el Papa y los católicos, sobre lo cuál basaban varias de sus conversaciones Ella decía: cuidado con los Fenianos (Pág 26),

El mismo Churchill de jovencito fue un asistente solitario pero regular a la iglesia anglicana en sus primeros años. Inmediatamente se sintió atraído por el elocuente lenguaje de la Biblia King James y el Libro de Oración Común, memorizando muchos de ellos al mismo tiempo que absorbía las palabras de Shakespeare, Gibbon, Macaulay y otros excelentes escritores.

Churchill también sintió admiración de niño por las aventuras de Livingston, el valiente misionero británico quién utilizó el anglicanismo para intentar alfabetizar y civilizar a los nativos salvajes del África profunda.

En Harrow Churchill asistió a tres servicios todos los domingos, además de las oraciones matutinas y vespertinas durante toda la semana. Más tarde comentó de forma graciosa: “Todo esto estuvo muy bien. En esos años acumulé un excedente tan bueno en el Banco de la Observancia que desde entonces lo he extraído con confianza. Las bodas, los bautizos y los funerales me han aportado un ingreso anual constante y nunca he investigado demasiado sobre el estado de mi cuenta. Incluso podría ser que encontrara un sobregiro “. (My Early Life, páginas 27-28)

No es en vano que hoy, el principal Think tank que promueve el pensamiento de Churchill también promueva educar a los niños en la fe (fuente).

Conocía tan bien la liturgia anglicana gracias a estos años tempranos que Winston Churchill se auto-denominaba un ultraconservador en la liturgia, se opuso a cualquier cambio a la misma. “En cuanto a la nueva Versión Revisada de la Biblia y las modificaciones en el Libro de Oración y especialmente el servicio matrimonial”, escribió, “son penosas” (Churchill, My Early Life, pág 38)

Para Winston no había ningún “debate” entre ciencia y religión. Ambos cumplían con diferentes propósitos y ambos eran necesarios.

Winston Churchill menciona su visión del debate “ciencia vs religión en el siguiente pasaje en su libro My Early Life (Londres: Thornton Butterworth, 1930), 130-31“… Siempre me ha sorprendido ver a algunos de nuestros obispos y clérigos haciendo un alboroto para intentar reconciliar la historia bíblica con el conocimiento científico e histórico moderno. ¿Por qué quieren reconciliarlos? Si eres el destinatario de un mensaje que alegra tu corazón y fortalece tu alma, que te promete reunirte con tus seres queridos en un mundo de mayores oportunidades y simpatías más amplias, ¿por qué deberías preocuparte por la forma o el color opaco del viaje? sobre; si está debidamente sellado, si la fecha del matasellos es correcta o incorrecta? Estos asuntos pueden resultar desconcertantes, pero ciertamente no son importantes. Lo importante es el mensaje y los beneficios para usted de recibirlo. Un razonamiento cercano puede llevar a uno a la conclusión precisa de que los milagros son imposibles: que “es mucho más probable que el testimonio humano se equivoque, que que se violen las leyes de la naturaleza”; y al mismo tiempo uno puede regocijarse al leer cómo Cristo convirtió el agua en vino en Caná de Galilea o caminó sobre el lago o resucitó de entre los muertos. El cerebro humano no puede comprender el infinito, pero el descubrimiento de las matemáticas permite manejarlo con bastante facilidad. La idea de que nada es cierto excepto lo que comprendemos es una tontería, y que las ideas que nuestras mentes no pueden reconciliar son mutuamente destructivas, más tontas aún. Ciertamente, nada podría ser más repulsivo tanto para nuestras mentes como para nuestros sentimientos que el espectáculo de miles o millones de universos, porque eso es lo que dicen que ocurre ahora, todos dando vueltas juntos para siempre sin ningún propósito racional o bueno detrás de ellos. Por lo tanto, adopté bastante temprano en la vida un sistema de creer todo lo que quería creer, mientras que al mismo tiempo dejaba la razón para seguir sin trabas cualquier camino que ella fuera capaz de recorrer. Algunos de mis primos que tenían la gran ventaja de la educación universitaria solían burlarse de mí con argumentos para demostrar que nada tiene existencia excepto lo que pensamos de éllo. Decían que toda la creación no es más que un sueño; que todos los fenómenos son imaginarios. Creas tu propio universo a medida que avanzas. Cuanto más fuerte sea tu imaginación, más variado será tu universo. Cuando dejas de soñar, el universo deja de existir. Estas divertidas acrobacias mentales están bien para jugar con ellas pues son perfectamente inofensivas y perfectamente inútiles. Advierto a mis lectores más jóvenes que sólo los traten como un juego. Los metafísicos tendrán la última palabra y te desafiarán a refutar sus absurdas proposiciones.


Churchill pensaba que la Iglesia Católica era en realidad una distorsión del cristianismo verdadero

Y no tiene nada que ver con el apoyo de la Iglesia Católica a su némesis (Hitler), para ser honestos, su ferviente anti-catolicismo venía desde mucho antes.

Tal y como mencioné anteriormente, la señorita Everest había puesto en él un cierto resquemor hacia el catolicismo, desde esa etapa primaria Churchill ya había concebido una muy fuerte visión anti-católica, una actitud que ya tenía bien desarrollada para sus veintes, en 1898 la escribe a su hermano que Oxford “ha sido por largo tiempo la casa del fanatismo y la intolerancia y han defendido más errores condenables y nociones retorcidas que cualquier otra institución, con la excepción de la Iglesia Católica.”

Uno de sus libros más influyentes fue el bestseller A History of the English-Speaking Peoples , publicado en la década de 1950, y uno de los más leídos de Europa.

Los volúmenes ilustran las grandes fortalezas de Churchill como historiador y tienen un fuerte impulso narrativo, así como héroes y villanos claramente delineados: los primeros suelen ser protestantes, los segundos invariablemente católicos. Esto reflejaba la realidad de que los enemigos hereditarios de Inglaterra eran los países católicos de España y Francia.

Churchill explicó con lujo de detalles la clásica versión victoriana de la historia de Inglaterra. Los papas medievales fueron tiranos extranjeros que siempre apoyaron el absolutismo y se opusieron a la libertad. La Reforma fue retratada como la declaración de independencia de Roma por parte de Enrique VIII, con la virtud adicional de alfabetizar y poner Biblias en manos del inglés común. Esto contrastaba con el oscurantismo de papistas como el fanático duque de Norfolk, quien dijo que “nunca leyó la Escritura ni nunca la leeré. En Inglaterra era feliz antes de que surgiera el nuevo aprendizaje “

La reina María, para Churchill, estaba lejos de ser alegre, y el epíteto de “Bloody” bien merecido, con su amor por la persecución atribuido a su religión católica y “sangre española fuerte”. Ella era incapaz de darse cuenta de que “la gente común … unía el catolicismo con la influencia extranjera”, y tenía nobles campeones de la libertad como Cranmer y Latimer. A la “buena reina Bess”, por su parte, Churchill la ilustra como una gran campeona protestante, y la derrota de la pérfida, tirana y católica Armada Española que ella lideró, uno de los grandes triunfos de la historia inglesa.

Churchill fue, naturalmente un gran partidario de la “Revolución Gloriosa” de 1688. Describió cómo un “gran viento protestante” se levantó en los “corazones de los hombres, elevándose en ráfagas feroces a la furia del vendaval” para derribar al tirano católico, James II, un tipo sin estudios dispuesto a sacrificar la libertad inglesa a los dictados de su fe. El pueblo inglés, declaró Churchill, estaba convencido “por todo el carácter de la Iglesia católica en ese momento, de que una vez que empuñara la espada, su elección sería la misa o la hoguera”. El “viento protestante” que trajo al rey Billy a Inglaterra, hizo desaparecer las oscuras sombras del arte sacerdotal y abrió el camino a las tierras altas de la libertad bañadas por el sol, que serían defendidas por gallardos whigs como su propio antepasado, el primer duque. de Marlborough.

En su libro Marlborough: His Life and Times editado en 1933, vemos varios ataques de Churchill en contra del catolicismo: Habla sobre los trabajos de Marlborough y del Papa Inocencio en la lucha contra la Francia del tirano Luis XIV. “Desde el duelo entre Roma y Cartago no había habido tal guerra mundial”, escribe Churchill. Esta guerra de un cuarto de siglo tuvo efectos de largo alcance: “Involucró a todos los pueblos civilizados; se extendió a todas las partes del mundo accesible; resolvió durante algún tiempo o permanentemente la riqueza y el poder relativos, y las fronteras de casi todos los estados europeos “. Sin embargo, Churchill enfatiza que había más en juego que territorio: “Las guerras de William y Anne no fueron un mero esfuerzo de ambición nacional o ganancia territorial. Eran, en esencia, una lucha por la vida y la libertad no solo de Inglaterra, sino de la Europa protestante ”.

El Rey católico Luis se hacía llamar “El Sol” y representó un sistema político contrario al desarrollo liberal y constitucional del protestantismo inglés, con un aspecto proselitista. Luis buscó activamente rehacer el mundo a su propia imagen y tomarlo bajo su control: “La conquista, planificada y en gran parte efectuada, no fue sólo militar y económica, sino religiosa, moral e intelectual. Fue el reclamo más magnífico de dominio mundial jamás hecho desde la era de los Antoninos “ escribe Churchill.

Más allá de la simple dominación, el aspecto religioso de las conquistas planeadas por Luis fue problemático para la Inglaterra protestante y, de hecho, para Europa. Después de mucho derramamiento de sangre, tras la Reforma, los europeos habían forjado una coexistencia religiosa viable. Pero Luis pretendía restablecer el catolicismo como fe universal tras masacrar a los hugonotes (calvinistas franceses). 

Con su revocación del Edicto de Nantes en 1685 — “el acto culminante de la intolerancia”, lo llamó Churchill, Luis derogó la libertad religiosa que había asegurado la paz en la Francia posterior a la Reforma. “Así, nuestros antepasados ​​vieron al monarca militar todopoderoso y omnipresente convertirse también en el enemigo declarado e implacable del protestantismo y, de hecho, de la libertad política de todo tipo en toda Europa”, escribe Churchill, mientras que alaba al protestante Rey Carlos, quien emitió la Declaración de indulgencia que, señala Churchill, “en nombre de la tolerancia dió a los católicos la libertad que estaban negando a los protestantes en todos los países en los que estaban en ascenso”, El Rey, escribe Churchill “sólo tenía que practicar su religión por el bien de su propia conciencia como hombre, para observar las leyes del reino y cumplir las promesas que había hecho respetándolas, a fin de recibir y disfrutar del fiel servicio de sus súbditos para todos sus días “

Ahora, si bien Churchill pensaba que habían distorsiones del cristianismo, también pensaba – sin embargo – que estas distorsiones eran mejores que el Islám, el cristianismo era una suerte de vacuna para los fanatismos y las bajas pasiones en una población civilizada, así lo escribió en 1898 en su libro The Story of The Malakand Field Force:

“De hecho, es evidente que el cristianismo, por degradado y distorsionado que sea por la crueldad y la intolerancia, siempre ejerce una influencia modificadora en las pasiones de los hombres y los protege de las formas más violentas de idolatría fanática, tal y como las vacunas nos protegen de la viruela. Pero la religión musulmana aumenta, en lugar de disminuir, la furia de la intolerancia. Originalmente fue propagado por la espada, y desde entonces sus devotos han estado sujetos, sobre todo los pueblos de todos los demás credos, a esta forma de locura ”

La data demuestra que Churchill tenía razón. Aún las “distorsiones” del cristianismo eran culturalmente mejor que otra cosa. El impacto “civilizatorio” del cristianismo se basa en cuanto los ciudadanos piensan como individuos responsables y virtuosos versus cuantos piensan como hombre masa adoradores del gobierno.

Si divides al mundo en 3 franjas y colocas en la primera franja a todas las naciones que son históricamente protestantes, en la siguiente franja a las naciones tradicionalmente católicas y en la última franja las naciones paganas o supersticiosas; en líneas generales tendrías como resultado al primer mundo, a los países en vía de desarrollo y al tercer mundo respectivamente.

En las islas del Caribe un estudio del Pew demuestra que la data es similar: Las Antillas Holandesas, Bahamas, las Islas Caimán, Bonaire, Barbados o Curazao cuentan entre las protestantes y dónde hay mayor nivel de vida, la gran mayoría del resto como Martinica, Trinidad y Tobago, Rep. Dominicana etc, son Católicas (aunque en Puerto Rico el protestantismo tiene un asombroso 33%) y las más empobrecidas como Haiti, Jamaica o Cuba son santeras y espiritistas.

Churchill veía las creencias y supersticiones de los hindues, entre quienes convivió durante varios años en su juventud, cómo formas bajas de civilización que querían exaltarse por encima de la hermosa tradición británica, miraba en forma de burla a estos seres desaseados, místicos y ascetistas del oriente anti-británico, así lo escribe en el Morning Post:

” Año tras año y remontándonos desde un horizonte indefinido, vemos las figuras de potentados extraños y raros contra quienes las armas británicas se vuelven continuamente. Pasan en procesión larga. El Akhund de Swat, Cetewayo blandiendo un assegai tan desnudo como él, Kruger cantando un Salmo de la Victoria, Osman Digna el Inmortal e Irreprimible, Theebaw con su paraguas, el Mahdi con su estandarte, Lobengula mirando con cariño las páginas de la Verdad, Prempeh humillandose a si mismo en el polvo, el Mullah loco sobre su culo blanco y, por último, el Khalifa en su Entrenador de Estado. Es como una escena de pantomima en Drury Lane.”

Churchill aseguró ver a la Providencia obrar en su vida

Cuando era un joven que informaba sobre la Guerra de los Bóers (1899-1902), Churchill admitió haber orado a menudo durante el fragor de la batalla. Así lo escribió:“La práctica de la oración era reconfortante y el razonamiento no me conducía a ninguna parte. Por tanto, actué de acuerdo con mis sentimientos sin preocuparme por cuadrar tal conducta con las conclusiones del pensamiento.”

No desestimaba el poder de la oración. En noviembre de 1939, Churchill, quien en ese momento era un oficial de la Marina Real le pidió a tres o cuatro científicos cristianos, entre ellos, Henniker-Heaton y su esposa Rose, que oraran en respuesta a la amenaza alemana. Puede leer más sobre este hecho aquí.

Una de las bendiciones del Dios en el que Churchill creía, pero al que le rendía pocas reverencias, era velar por la seguridad física de Winston Leonard Spencer Churchill hasta que cumpliese su propósito. Pocas personas en la historia podrían haber rozado el manto del Ángel de la Muerte con tanta frecuencia como Churchill, sin embargo, sobrevivió hasta los 91 años. “No dudé en pedir protección especial cuando estaba a punto de caer bajo el fuego del enemigo”, escribió, “ni en sentirme sinceramente agradecido cuando llegué a casa sano y salvo para tomar el té”( Churchill, My Early Life, 129-30)

El había notado este paradigma desde niño. Era tanta la frecuencia con la que sobrevivía a los cuasi accidentes que comenzó a creerse elegido para grandes cosas. “Sobre mí batían alas invisibles”, escribió más tarde. Una vez, durante la Primera Guerra Mundial, cuando su centro de operaciones fue destruido por un explosivo alemán de alto impacto justo segundos después de haberlo abandonado, acabando con sus amigos, dijo que tenía “la fuerte sensación de que una mano se había extendido para moverme hacia adentro en el último momento desde un lugar fatal “. Winston S. Churchill, “Plugstreet,” Thoughts and Adventures (London: Leo Cooper, 1990), pág 75.

Con un parto difícil, neumonía infantil, casi ahogamiento, amor por la caza, una carga de caballería, una fuga de prisión, un accidente de avión y servicio en las trincheras, fue asombroso que Churchill alcanzara la gran edad que alcanzó. De hecho, la ausencia de un intento de asesinato en su contra parece una omisión curiosa en una vida tan famosa como ocupada.

La conclusión a la que llegó fue que La Providencia lo había marcado especialmente para salvar a su país. La única vez que el difunto Lord Hailsham pudo detectar la mano directa del Todopoderoso en los asuntos humanos fue cuando Churchill asumió el cargo de primer ministro exactamente el mismo día en que Hitler desató el Blitzkrieg en Occidente.

Churchill consideraba fundamental en su agenda la LIBERTAD Religiosa y creía que el hombre necesitaba de la FE.

Por supuesto, Churchill, como político de su época respetaba la institución de la Iglesia anglicana, cuyo respeto era aún mayor en el Partido Conservador al que se había unido. En los días de Lord Salisbury la Iglesia Anglicana era quienes precedían al debate de las cámaras en oración.

De hecho Churchill nombró a dos arzobispos de Canterbury durante la Segunda Guerra Mundial, William Temple y Geoffrey Fisher. También mantuvo una profunda pero accidentada amistad con el obispo anglicano Rennie Maciness.

Sin embargo, en la elección parcial de Oldham de julio de 1899, Churchill prometió no votar por el proyecto de ley de diezmos clericales pro anglicanos de Salisbury, destinado a ayudar a las escuelas y hospitales de la Iglesia así como los ingresos del clero con dinero de los contribuyentes.

Una cosa es el respeto a la Iglesia, otra cosa es la separación iglesia-estado, un valor defendido por él sin temblor pese a que era miembro de un partido pro-Iglesia que estaba bajo la influencia del devoto anglicano Lord Hugh Cecil. Tal y como los Padres Fundadores de los Estados Unidos, nadie debe utilizar al Estado para imponer una visión a quien no la quiere aceptar, aún si esa visión es la verdad.

Por otro lado Churchill tenía una gran apreciación del valor de la libertad religiosa que disfrutamos en occidente. En enero de 1920, en un discurso en defensa de la intervención británica en la Guerra Civil Rusa, dijo: “ Nosotros defendemos la libertad de conciencia y la igualdad religiosa. Ellos buscan exterminar toda forma de creencia religiosa que ha dado consuelo e inspiración al alma del hombre “. (Gilbert, Churchill’s Political Philosophy, pág 77) De manera similar, en junio de 1934, atacó al régimen nazi por la forma en que en la Alemania del 3er Reich “la religión debe leerse en el libro de ejercicios del colegio”. (Maurice Cowling, Religion and Public Doctrine in Modern England, 3 vols. (Cambridge University Press 19802001, pág 93.) Churchill creía que la religión era una tema de consciencia de cada cuál y defendía genuinamente los derechos de la libertad de religión y los deberes de tolerancia religiosa. Como le dijo una vez a su último secretario privado, Sir Anthony Montague Browne: “Ya sea que creas o no, es una desgracia quitarle la esperanza al Hombre”, que es lo que él (antes que nadie en la política mundial) creía que estaban haciendo los nazis.

Episodios llenos de la Biblia, palabras profundas llenas de esperanza.

En 1932, ocho años antes de su acceso a la Premier League, escribió un ensayo “Moisés: el líder de un pueblo” en el que se había movido hacia el estudio del patriarca judío durante una búsqueda por una interpretación – a según – más literal de la Biblia al mismo tiempo que desechaba la visión de los académicos de que Moisés era una figura mitica de la mitología judía. Lo siguiente son palabras de dicho ensayo escrito por Churchill:

” Sin embargo, rechazamos con desprecio todos esos mitos eruditos y trabajados de que Moisés no era más que una figura legendaria de la que el sacerdocio y el pueblo dependían de sus ordenanzas sociales, morales y religiosas esenciales.

Creemos que la visión más científica, la concepción más actualizada y racionalista, encontrará su mayor satisfacción en tomar la historia de la Biblia literalmente y en identificar a uno de los más grandes seres humanos hacer el salto de fe más decisivo jamás discernible en la historia humana.

No nos conmueven los tomos del profesor Gradgrind y el Dr. Dryasdust. Podemos estar seguros de que todas estas cosas sucedieron tal y como están establecidas de acuerdo con las Sagradas Escrituras.

Podemos creer que le sucedieron a personas no muy diferentes a nosotros, y que las impresiones que recibieron esas personas se registraron fielmente y se han transmitido a lo largo de los siglos con mucha más precisión que muchos de los relatos telegrafiados que leemos sobre los sucesos de hoy. En palabras de una obra olvidada del Sr. Gladstone, descansamos con seguridad sobre “La roca inexpugnable de la Sagrada Escritura.

Pasarían muchos siglos antes de que el Dios que hablaba en la zarza ardiente se manifestara en una nueva revelación, que sin embargo era la más antigua de todas las inspiraciones del pueblo hebreo, como el Dios no solo de Israel, sino de toda la humanidad que deseaba servirle; un Dios no solo de justicia, sino de misericordia; un Dios no solo de autoconservación y supervivencia, sino de piedad, autosacrificio y amor inmerecido.

Más adelante en su ensayo, Churchill explica claramente las lecciones universales de la larga vida de Moisés. Al hablar del campamento de Israel en el monte Sinaí, declaró: “Aquí Moisés recibió de [Dios] las tablas de esas leyes fundamentales que de ahora en adelante debían ser seguidas, con lapsos ocasionales, por las formas más elevadas de la sociedad humana”. Refiriéndose específicamente a los Diez Mandamientos, Churchill quería que sus lectores vieran a Moisés como líder de todos los pueblos de la Tierra. Aún más, Churchill también quería que los ciudadanos del mundo reconocieran que la ley que Dios le dio a Moisés tenía la intención de ser una ley para ser obedecida por todas las personas.

Los discursos de Churchill en tiempos de guerra usaban muchas frases bíblicas y litúrgicas, se inspiró en el cristianismo, cuando, por ejemplo, ofreció la ciudadanía común a Francia en junio de 1940. (Margaret Mein, Winston Churchill and Christian Fellowship (London: Stockwell, 1992)

Churchill empleaba regularmente un lenguaje impregnado de poderosos matices religiosos: palabras como “salvación”, “sacrificio”, “fe” y “celo” abundan en sus discursos en tiempos de guerra, la oferta de Churchill a Francia fue simplemente una desesperada y difícil propuesta para intentar mantener a ese país en la guerra.”Providencia” y “Destino” aparecen tan a menudo como “Dios” en los discursos de Churchill en tiempos de guerra.

El Todopoderoso ocasionalmente es la cereza del pastel, como en el discurso de Churchill en Enero de 1940 en el Free Trade Hall en Manchester, “Nunca hubo una guerra que pareciera tan probable que lleve sus terrores de una vez a todos los hogares, y nunca hubo una guerra a la que todo el pueblo entró con la misma convicción unida de que, ayudando Dios, no podían hacer otra cosa. ”. (Winston S. Churchill, 27 January 1940, in Blood Sweat and Tears (Toronto: McClelland & Stewart, 1941), pág 257)

En su primer discurso ante los Comunes como Primer Ministro el 13 de mayo de 1940, Churchill ofreció sangre, trabajo, lágrimas y sudor y anunció la política de hacer la guerra, por mar, tierra y aire, con todas nuestras fuerzas y con todas las fuerzas. la fuerza que Dios puede darnos.”

 El Domingo de la Trinidad de 1940 leyó un verso del Libro de los Macabeos que termina: “Como la voluntad de Dios está en el cielo, así sea”. Dicha frase fue realmente elegida por Churchill para la línea de apertura espléndidamente marcial: “Ármense y sean hombres de valor”. (Lord Moran, Churchill: Taken from the Diaries of Lord Moran (Boston: Houghton Mifflin, 1966, pág 207)

Si bien hizo muchas referencias a Dios en sus discursos, muy a menudo también lo hizo de una manera bastante jocosa e irrespetuosa, como en la Cámara de los Comunes en diciembre de 1942, cuando afirmó que “El Todopoderoso en su infinita sabiduría no creyó conveniente hacer a los franceses con la misma imagen de los ingleses “ (Churchill, 10 December 1942, in Richard M. Langworth, ed., Churchill in His Own Words (London: Ebury Press, 2012), 160-61)

Sobre los Evangelios

Churchill empleó la palabra “Gospel” o Evangelio cuando lanzó aquella memorable critica al comunismo: “el socialismo es el evangelio de la envidia.” (Perth, Escocia, 28 de Mayo de 1948) ¿pero que sabía Churchill del evangelio?

Entre algunos de los comentarios que Churchill hizo en Chequers al mariscal de campo Montgomery el 28 de mayo de 1952, mientras caminaban por Monument Hill, abriéndose paso entre los excursionistas. “¿Cómo definió el primer ministro a un gran hombre?“, “¿Fue genial Hitler?” “No”, respondió Churchill, “cometió demasiados errores”. Continuaron discutiendo si los grandes líderes religiosos eran verdaderamente grandes hombres. Según Colville: “El primer ministro dijo que la grandeza de Jesús era indiscutible pero que era de otro tipo. Según Churchill la historia de Cristo fue inigualable y su muerte para salvar a los pecadores sin igual; además, el Sermón de la Montaña fue la última palabra en ética ” (Colville, Fringes of Power, pág 648). Quizás valga la pena señalar que seguramente fue de las bienaventuranzas (Sermón de la Montaña)que Churchill tomó la inspiración para su famosa moraleja para sus memorias de la Segunda Guerra Mundial “En la guerra; Resolución. En derrota; Desafío. En Victoria; Magnanimidad. En la paz; Buena voluntad.” deben tener los hombres.

Según Sir Anthony Montague Browne, Churchill le habría dicho que “Las Bienaventuranzas son de la elocuencia y belleza dadas por Dios”. En muchas ocasiones le dijo a Sir Anthony: “Creo que el hombre es un espíritu inmortal”, también menciona que las reuniónes de gabinete en la década de 1950, Churchill se refirió a “ El Viejo” para referirse a Dios entre sus colegas (Churchill, 28 June 1950 in Nigel Nicolson, ed., Harold Nicolson: Diaries and Letters, 3 vols. (London: Collins, 1966-68), III 191.).

Para Churchill no se trataba sólamente de que la sociedad “siguiera los 10 mandamientos

Churchill consideraba que las prácticas y costumbres de las naciones cristianas conducían a las buenas maneras y a la libertad, pensaba que la raza humana nunca había estado mejor que en occidente debido a ello, aquí lo leemos de sus propias palabras: Se puede plantear esta pregunta en la forma más amplia. ¿Ha logrado la raza humana algún beneficio o progreso al someterse a una violencia organizada y calculada? Al mirar hacia atrás en la larga historia de las naciones, debemos ver que, por el contrario, su gloria se ha basado en el espíritu de resistencia a la tiranía y la injusticia, especialmente cuando estos males parecían estar respaldados por una fuerza más pesada. Desde los albores del cristianismo, una cierta forma de vida se ha ido configurando lentamente entre nuestros pueblos occidentales, y se han llegado a apreciar ciertas normas de conducta y gobierno.” – The Defence of Freedom and Peace (The Lights are Going Out) Broadcast to the United States and to London by Winston S. Churchill – 16 October 1938 – From Churchill, Into Battle (London: Cassell, 1941), pages 83-91. Renewal copyright Winston S. Churchill © 2001.

El Ideal que nos da la Biblia sigue siendo superior a todas las demás ideologías modernistas y posmodernas. Le dice al hombre que la vida es una dádiva, que todo lo que hace contra la propiedad o la humanidad de otro tiene consecuencias inmediatas y también eternas, que no es bueno confiar en si mismo ni en otros de forma desmedida pues el hombre es perverso por naturaleza y que necesita un salvador no humano para perdonarle de dicha perversidad, le dice que por gracia ha recibido un regalo supremo de amor y dicho regalo consiste en ser libres (del infierno, del pecado y de su esclavitud en el alma por medio de un libertador quien es Cristo), este compendio de ideas formó a una sociedad como la Inglaterra protestante.

La solución contra el marxismo y el globalismo progre no es el liberalismo, ni siquiera lo es el conservadurismo, que en cierta forma son hijos ambos de la revolución francesa, por ende, ateos por naturaleza; encontrarás multitudes de partidos liberales y conservadores en toda Europa que apoyan muchas de las tesis fundamentales del izquierdismo, desde el aborto como un “derecho de la mujer” al matrimonio homosexual como un “derecho humano”, de la aceptación de los musulmanes como “tolerancia” y ven al estado de bienestar como el “principal cuidador” del individuo (de esta manera suplantando la autoridad parental con la autoridad estatal).

Lo único que detendrá el derroche moral, social y económico que agita al mundo entero en la actualidad y que esta pandemia solamente ha acelerado de manera esclarecedora es la fe Cristiana. Fueron dos elementos que transformaron los bárbaros europeos en los pueblos más libres, prósperos y seguros: Atenas y Jerusalén. Y es el Cristianismo que recoge estos dos elementos, y los une en la encarnación del Logos: Cristo, la máxima revelación de la creación. La Biblia, una metáfora apropiada de esta unidad: la primera parte escrita en hebreo, la segunda, escrita en griego. Junto, la savia que enriquece al mundo.

Este ideario llevó a cambios profundos en la sociedad occidental como dignificar la vida, valorar la libertad como un bien que se obtiene mediante un sacrificio digno y supremo, nos planta la idea de que no podemos entregar el poder absoluto a ningún hombre, que las leyes deben ser capaces de refrenar esta maldad innata, que la familia debe emular esta gracia perdonadora, que las acciones buenas o malas deben tener consecuencias proporcionales y que no podemos confiar en nosotros mismos pues somos limitados, teniendo así una mente más abierta a la critica y menos cerrada al consejo y la instrucción, Winston sabía que es, entre otras virtudes, la fe y la esperanza lo que ayuda a un individuo y a una sociedad a soportar las grandes tragedias de la vida con sentido de propósito, vigor y entereza, tan contrario a esa endebilidad y poca hombría emocional que caracteriza a la modernidad frágil frente a las dificultades y problemas.

Seguramente, llegados este punto, el lector podrá hacer de portavoces de las grandes falencias del líder británico y si. Claro que Churchill fue un hombre de grandes errores y contradicciones. Como todos nosotros. Sin embargo la belleza del cristianismo que Churchill apoyaba consiste justamente en aceptar nuestros errores y debilidades humanas para entregarlos a Cristo quien nos perdona y nos libera mediante el arrepentimiento y la fe.

En 1949, cuando celebraba su 75 cumpleaños, Churchill dijo: “Estoy listo para conocer a mi Hacedor. Si mi Hacedor está preparado para la gran prueba de conocerme es otro asunto ”. (Langworth, Churchill in His Own Words, pág 463). Cuando finalmente falleció en Enero de 1965, Churchill eligió típicamente himnos de lucha para su funeral de Estado en la Catedral de St Paul “El himno de batalla de la República“, ” Pelea la Buena Batalla” y “Oh Dios, nuestra ayuda en épocas pasadas”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: