» y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores.» – Levítico 25:10

Podría citar a muchos teólogos y ministros brillantes, con sus citas fascinantes que encienden el corazón. Pero he preferido ir a la dulce palabra de nuestro Dios. «¿Que tiene nuestro Señor que decir?» es la pregunta más importante sobre cualquier asunto de la vida cristiana, y combatir a la tiranía no es una excepción.

A continuación, haremos un estudio bíblico para demostrar el por que la desobediencia civil a los tiranos opresores es un deber cristiano.

En el mismo momento en que Dios puso al hombre sobre la tierra le dió responsabilidad sobre sus acciones. Dios hace responsable al hombre por cada una de sus acciones desde que Adán estuvo en Edén.

Dios reafirma esa responsabilidad más adelante en la Ley de Moisés y finalmente la realza en cada enseñanza de Jesús. Nadie puede excusarse delante de El. Somos responsables. Pero no se puede ser responsable si no se es primeramente libre para elegir. Eso quiere decir que el destino inexorable dado por Dios para el hombre sobre esta tierra es el de la libertad.

Ha sido Dios quién nos dió el derecho a la vida y al disfrute de la misma por medio de la libertad y del fruto de nuestro trabajo (propiedad), estos derechos no nos fueron entregados por el Estado y cuándo dichos derechos están en peligro por el tirano de turno estamos en total derecho de reestablecer el órden y recuperar nuestros derechos. Esto quiere decir que Dios nos ha dado derechos inalienables e intransferibles, y su Ley está por en cima de cualquier ley de los hombres.

Los tiranos – que corrompen este orden divino y natural de estado de libertad humana, por querer tomar las responsabilidades del hombre, y también al tomar sus vidas, sus libertades y sus propiedades – deben ser combatidos y deben ser vistos cómo pecadores que de manera ilegítima usurpan el trono del Dios Santo al ser gobernantes malvados fuera de sus legítimas competencias.

La tiranía no es la voluntad de Dios (Isaías 10:1). No es su voluntad ni en el mundo espiritual, ni en la esfera de los negocios, ni en la esfera política, ni en el matrimonio, ni en la esfera civil. El Señor nos llama, sin excepción, a todo el cuerpo de creyentes a que debemos participar activa y resolutamente en la desocupación de dicha tiranía opresora cuándo en su Palabra nos da cinco órdenes al respecto:

  1. » Así dice el SEÑOR: `Haced justicia cada mañana, y libertad al oprimido de manos de su opresor.» – Jeremías 21:12

  2. » Abre tu boca por los mudos, por los derechos de todos los desdichados. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y del necesitado.» – Proverbios 31:8-9

  3. » El justo se preocupa por la causa de los pobres, pero el impío no entiende tal preocupación.» – Proverbios 29:7

  4. » Rescatad al débil y al necesitado; libradlos de la mano de los impíos.» – Salmos 82:4

  5. » Buscad la justicia, reprended al opresor, defended al huérfano, abogad por la viuda.» – Isaías 1:17

Estas 5 ordenanzas sobre buscar la justicia y castigar al opresor toman aún mayor relevancia dentro del cristianismo, pues cada cristiano ha sido llamado a ser sal en un mundo podrido y luz en un mundo oscuro. Si somos la luz y la sal de la tierra no podemos culpar a los malvados por la creciente degradación social, la pérdida de los valores morales y el aumento de la injusticia. Científicamente definida la oscuridad es la ausencia de luz.

Entendiendo correctamente Romanos 13

Sin embargo, la principal piedra de tranca en el camino para los cristianos que desean tomarse los 5 mandatos (expresados en los versículos bíblicos anteriormente citados) en serio suele ser Romanos 13.

Bajo la lógica de que debemos seguir ciegamente todo lo que el gobernante diga por que viene de parte de Dios entonces las parteras egipcias que salvaron las vidas a los niños estarían en desobediencia cuándo la Biblia dice:

» Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños.» – Éxodo 1:17

Si seguimos esa lógica – que tienen algunos – en su interpretación de Romanos 13 también podríamos decir, que los primeros adoradores de Jesús (los tres sabios de oriente) cometieron un delito grave y punible al decidir desafiar y desobedecer al tirano rey Herodes.

¿Que hay de Sadrac, Mesac y Abednego que junto a Daniel decidieron desafiar a las ordenes, los mandatos del rey?, ellos hicieron una gran demostración de desobediencia civil, la cuál no tiene por que ser violenta. Definitivamente ni Daniel ni sus amigos estaban siguiendo a Romanos 13.

¿Que hay del caso de Pedro?, cuándo Herodes puso a Pedro bajo arresto, justo la noche antes de ser ejecutado públicamente, un ángel del Señor rompió sus cadenas, abrió las puertas de la cárcel y le permitió huir de prisión. ¿Estaban Pedro y este ángel en contra de Romanos 13?

Lo que nos demuestran los pasajes anteriores es que no todos los líderes humanos son aprobados por Dios, las «autoridades» son instituciones de orden que han sido puestas por Dios pero no quienes las ocupan, tenemos que tomar total responsabilidad de este hecho, no podemos culpar a Dios de nuestros tiranos, nuestra responsabilidad humana es decisiva tanto en su ascenso cómo en su derrocamiento, Dios permite ambas cosas. Es importante recordar este pasaje para dar fundamento a mi argumento:

» Los reyes que establecen, yo no los he escogido; cuando nombran a sus príncipes, nunca me lo dicen.» – Oseas 8:4

Si, Dios coloca y quita reyes (Dan 2:21) pero también el hombre puede hacer eso (1 Sam 8), a veces Dios pone reyes que el hombre quita y quita otros que puso el hombre. Por supuesto, todo en el universo ocurre bajo el permiso de la Providencia: ¿Pero eso acaso no quiere decir que cuándo los pueblos derrocan a su tirano (y con frecuencia lo han hecho) el deseo de la Providencia fue complacido? Un ejercicio teológico equilibrado es que nunca puede verse la doctrina de la soberanía de Dios sin la doctrina de la responsabilidad humana.

Ahora desglosemos a Romanos 13, por que hay algunas presuposiciones muy importantes en ese capítulo de Romanos 13, la primera es el autor: Pablo no estaba obedeciendo al gobierno, de ninguna manera, no sólo había escapado de prisión varias veces sino que predicaba el evangelio, en contra de las órdenes expresas del Nerón por ser una doctrina que colocaba a Dios por encima del Emperador de Roma.

Incluso, cabe decir que Pablo fue tan desobediente a las autoridades que no obstante con escapar de prisión y predicar también hizo discípulos dentro de la misma casa del Emperador (Filipenses 4:21). Pablo estaba desobedeciendo las autoridades también cuándo desafió al Rey Agripa (Hechos 26).

Otro hecho que debemos recordar es que mientras Pablo estaba en Damasco, se escapó del gobernador de la ciudad que quería meterlo en prisión, el Apóstol – en lugar de someterse – prefirió esconderse en una cesta de mimbre y se hizo bajar por sus discipulos por la muralla de la ciudad a través de una pequeña abertura (Hechos 9:25).

Podríamos decir que Pablo era un total ejemplo de lo que significa desafiar a las autoridades si a lo anteriormente mencionado incluímos que todo su ministerio se basó en desafiar a su propio gobierno judío (Sanedrín) cuándo dejó de asesinar cristianos, una autoridad que se le dió cuándo era Saulo (cartas) y luego tuvo que comparecer ante ellos defendiendo su fe cristiana.

Al parecer hay una total desconexión entre lo que Pablo decía en Romanos 13 y lo que sus acciones demostraban. ¿Era el Apóstol Pablo un hipócrita por pedir a los creyentes que se sometieran a las autoridades cuándo el mismo no lo hacía?… No, se trata de un problema de interpretación y traducción. Y eso nos lleva a la próxima presuposición.

La siguiente presuposición que debemos entender para interpretar correctamente ese pasaje de Romanos 13 es el griego koiné utilizado en la escritura original. La clave para entender está en la palabra «someter» versus la palabra «obedecer» y cómo nosotros lo interpretamos. La palabra griega hupo-tasso, que ha sido traducida para nosotros como «sujetarse» o «someterse«, significa literalmente «colocar las cosas respetuosamente abajo«, o también «estar debajo de manera ordenada» quizá un mejor acercamiento sería la palabra «subordinado» (revisar Concordancia Strong 5293).

De hecho, esta es la misma palabra griega que utiliza el Apóstol Pedro en 1 Pedro 2:13-15 para decirnos algo similar a lo que el Apóstol Pablo habría expresado en Romanos 13 sobre las autoridades.

La audiencia original posiblemente entendió estas palabras de Pablo y de Pedro bajo un significado de «mantengan el orden social«, algo simple, pero lamentablemente para las traducciones principales que utilizamos (cómo la Reina Valera o la NVI) estos pasajes están un poco moldeados.

Esta misma palabra griega también se utiliza en Efesios 5:22 para pedir a los esposos y esposas a «someterse» el uno al otro, y refleja la preocupación de Dios por el orden y el respeto a las figuras de autoridad con el fin de mantener la paz. Exegéticamente hablando Pablo y Pedro creían que las autoridades gobernantes eran necesarias para mantener la paz y debíamos subordinarnos. Dios es un Dios de orden, no de anarquía o caos.

Pero el problema (y es aquí dónde nos equivocamos) es que hay OTRA palabra, «hupo-kouo», que en el griego koiné se traduce cómo «obedecer», literalmente significa «conformarse, seguir ordenes o doblegarse delante de una autoridad con sometimiento«.

¿Por que Pedro y Pablo utilizaron «hupo-tasso» pero nosotros lo leemos como «hupo-kouo»? (revisar cualquier interlineal griego de su versión de las escrituras). Pedro y Pablo (y el Espíritu Santo) podrían haber utilizado la palabra «obedecer«, pero decidieron no hacerlo.

Al contrario, hupo-kouo (obedezcan) aparece 21 veces en el Nuevo Testamento y siempre que aparece esa palabra sugiere un contexto jerárquico, como en la relación entre hijos con sus padres o de esclavos con sus amos (Efesios 6:1 y 6:5). En el griego koiné del Nuevo Testamento, ¡estar bajo un orden no siempre significa obedecer sin cuestionar! Son dos acciones o posturas separadas.

Por otro lado era una carta enviada al centro mismo del Imperio, la capital. Roma. Si esta carta fuese interceptada por algún centurión y fuese leída por algún oficial del Imperio romano hubiese sido una verdadera tragedia que el Apóstol Pablo estuviese instigando a la rebelión y al magnicidio.

También hacemos bien en leerlo dentro de su propio contexto (o cómo dice un amigo «leer el libro completo y sin númeritos») pues este pasaje está conectado e intercalado entre versos que prohíben vengarse personalmente de las personas (para eso están los tribunales civiles y la práctica cristiana del perdón) y ser una persona rebelde, luchadora y conflictiva va contra eso, dando mal testimonio de la Iglesia en Roma.

Pero más allá de eso, la Biblia claramente se refiere a una clase especial de gobernantes y eso nos lleva a la siguiente presuposición que debemos evaluar y está contenida en el mismo pasaje cuando dice que el gobernante ha sido colocado para «recompensar a los que hacen el bien y castigar a los que hacen el mal» (versículo 3); que dicho gobernante “hace el bien” como siervo de Dios (versículo 4).

¿Pero que hay de los gobernantes que no recompensan a los buenos ni castigan a los malos?, ¿Que dice la Biblia que debemos hacer con los gobernantes que no «hacen el bien» ni son siervos de Dios?, la respuesta es muy clara y la encontramos en la respuesta que dio la Iglesia a las autoridades del Sanhedrin cuándo les prohibieron predicar el cristianismo:

» Mas respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.» – Hechos 5:29

La Guerra de Independencia de los EEUU fue conocida como la «Presbyterian Rebellion» por la gran cantidad de ministros cristianos que inspiraron las revueltas. De hecho, Benjamin Franklin citó el cómo los judíos escaparon de Faraón cruzando el Mar Rojo para crear el sello de la nueva nación «Desobediencia a los Tiranos es Obediencia a Dios«. El nuevo eslogan de la naciente república que creía que Dios les daría la victoria en la derrota de su tirano era: «En Dios confiamos«.

Esto es lo que conocemos cómo la «Doctrina de los Magistrados Menores» dentro del Protestantismo (Lesser Magistrates Doctrine); Si un magistrado menor no se somete a la ley del Gran Magistrado Superior, entonces estámos obligados a desobedecerlo.

El hombre de Dios que mató a un tirano con sus propias manos en la Biblia

O mejor dicho, el hombre que Dios utilizó para llevar a cabo su deseo de acabar con un tirano y bendecir así a Israel.

Muy pocos conocen la historia del segundo Juez de Israel, a quién conocemos como Aod, el valiente. Dice la Biblia que Jehová vió la aflicción de su pueblo bajo el tiránico mandato del rey de Moab y «les dió un libertador»

Los israelitas habían estado bajo el yugo de Eglón durante 18 largos años de sufrimiento, justo antes de asesinar al obeso rey con su daga, Aod le susurró al oído: «Tengo una palabra de Dios para ti.«, después de haber cometido el magnicidio dice la Biblia que Israel gozó de libertad por 80 años.

Pueden leer esta historia completa en Jueces 3:12-31.

El Asunto de «No Matarás»

Muchos hermanos cometen el grave error de creer que Dios dió la órden de “No matarás” en la Ley de Moises, y con eso buscan justificar el no participar ni apoyar una guerra por justa que sea su causa.

Lo primero que debemos aclarar es que no se refiere a plantas ni animales, sino a seres humanos inocentes. Al igual que en el español hay una diferencia fundamental entre «matar» y «asesinar» en hebreo.

Sin embargo, la palabra hebrea del sexto mandamiento literalmente significa “la muerte intencional y premeditada de otra persona con malicia”.

Pero ¿Acaso Dios no le ordenaba a los hebreos (y con bastante frecuencia) ir a la guerra contra otras naciones enemigas? Podemos ver 1 Samuel 15:3 o a Josué 4:13 sólo por dar algunos ejemplos. Jehová mismo exigió la pena de muerte para numerosos crímenes (Éxodo 21:12; 21:15; 22:19; Levítico 20:11). Así que, el estudio de las escrituras nos revela que Dios no está contra el matar en todas las circunstancias, sino sólo en contra del asesinato premeditado de un inocente que no es su enemigo.

No me malinterpreten. No estoy llamando a una alzamiento armado ni a la guerra. La guerra nunca es algo bueno, pero varias veces es algo necesario. En un mundo quebrado y lleno de gente pecadora (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas veces la única manera de evitar que la gente pecadora haga un gran daño a los inocentes, es yendo a la guerra contra ellos. Tal y cómo hizo Abraham. Así decía Thomas Jefferson: » La única manera de detener a la gente mala con pistola es con gente buena con pistolas.»

En Números 31:2 Dios mismo ordena “Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas…” En Deuteronomio 20:16-17 el Creador declara: “Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por herencia, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente; al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado”.

Los ejemplos abundan, veamos 1 Samuel 15:18, allí dice, “…Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes”. Es extremadamente seguro y claro, Dios no está contra de las guerras ni de matar a opresores. Decir que el Dios del Antiguo Testamento es diferente al Dios cristiano es un error. Jesús está siempre en un estado de «perfecto acuerdo» con el Padre (Juan 10:30), así que no podemos argumentar que la guerra era la voluntad de Dios solo en el Antiguo Testamento, especialmente por que Dios no cambia (Malaquías 3:6; Santiago 1:17). Jehová de los Ejércitos ayer es Jehová de los ejércitos hoy.

La Segunda Venida de Cristo será extremadamente violenta y él mismo será quien mate a todos sus enemigos con una espada (lo cuál incluye a «los reyes de la tierra«). Incluso, si leemos Apocalipsis 19:11-21 veremos la descripción de la última gran guerra con Cristo a la cabeza, el comandante conquistador que juzga y hace la guerra «con justicia» (v. 11). Será brutalmente sangriento (v. 13) y cruento. Las aves comerán la carne de todos los que se oponen a Él (v. 17-18). La Biblia dice en este pasaje que Jesús no tiene ninguna compasión de sus enemigos, a quienes conquistará completamente y los mandará a un «un lago de fuego que arde con azufre» (v. 20).

Cristo no es un hippie pacifista, sin carácter y tolerante de la injusticia cómo algunos cristianos de hoy. Es un error decir que Dios nunca apoya una guerra. En un mundo lleno de gente impía, algunas veces es necesaria una guerra para prevenir un daño aún mayor. Si los aliados no hubiesen destruído a los Nazis en la II Guerra Mundial, ¿cuántos millones más de personas hubieran sido exterminados? Si en Estados Unidos no se hubiera luchado por 4 años la sangrienta Guerra Civil, ¿por cuánto tiempo más seres humanos creados a la imagen de Dios hubieran tenido que sufrir como esclavos?

Eclesiastés 3:8 declara que hay, “tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”. En un mundo dominado por el pecado, el odio y la maldad (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas guerras son más “justas” que otras, pero todas las guerras son a última instancia el resultado del pecado.

Los cristianos no deben desear la guerra, pero tampoco deben oponerse a una guerra justa por recuperar las vidas, las libertades y las propiedades de los habitantes de una nación. Lo más importante que podemos hacer en un tiempo de guerra es orar por la buena sabiduría de nuestros líderes, orar por la seguridad de nuestros ejércitos, orar por una rápida solución al conflicto y orar por un mínimo de muertes – de ambos lados del conflicto.

¿Que debemos hacer entonces?

«Ve mañana temprano, párate frente al faraón y dile: “El SEÑOR, el Dios de los hebreos manda decir: ¡Deja libre a mi pueblo!»Éxodo 9:13

Tenemos que levantarnos por los oprimidos y defender las causas justas. No hay otro camino. Necesitamos tener el coraje del jóven Martin Lutero cuándo clavo las 95 tesis en Wittemberg. Debemos tener el carácter de los puritanos que combatieron a la tiranía religiosa en Inglaterra con la rebelión civil, con la política, con las ideas, con la predicación pública y también con las armas y la pólvora (y algunos huyeron a lo que hoy conocemos como EEUU y fundaron esa nación por que querían ser libres, emigraron, no se sometieron).

Antes de la Guerra de Independencia de los EEUU (específicamente en 1775), hay sermones que todavía pueden leerse dónde los pastores predicaban públicamente el derecho a resistir a los gobernantes tiránicos. Dietrich Bonhoffer fue un pastor luterano durante la Segunda Guerra Mundial que era pacifista, pero cuando vio los horrores del régimen nazi, se volvió un activista y utilizó todas sus capacidades y conocimiento para resistir a Hitler y finalmente lo asesinaron. Ahora es considerado como uno de los más grandes héroes cristianos de la fe.

Ahora que quieren cerrar nuestras Iglesias en honor a una ideología comunista, a un ateísmo rampante o por algún virus respiratorio Chino, es momento que la Iglesia reclame su herencia bíblica de resistir a los tiranos y hacerles frente a los Faraones y a los Nabucodonosores de hoy en día.

Así como el Apóstol Pablo le dijo a los Galatas que deben siempre permanecer firmes en su libertad, la libertad que les dió Cristo mediante la cruz y cuidarse no volver a la esclavitud del pecado, ese mismo principio de «vigilancia» puede ser extrapolado al mundo físico también, pues el precio de la libertad es su vigilancia. Quiero cerrar con esas apropiadas palabras de Galatas:

» Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.» – Gálatas 5:5

Este siervo inútil y vaso de barro espera de alguna manera haber servido para edificación del cuerpo del Señor y a su Reino. Gracias.

Hno. Leonardo Brito

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