El mundo nos vende métodos, sistemas y pasos para la felicidad. No caigamos en la trampa.

En ocasiones se nos vende la idea de que la felicidad está en otra persona, ¿recuerdas esa famosa canción «A tu lado está mi felicidad«? Ni hablar de la película «En Búsqueda de la Felicidad«, vemos a un hombre de color logrando el éxito financiero tras ser abandonado por su esposa y pasar por una serie de dificultades.

Una de mis canciones favoritas es American Dream de Casting Crowns, trata sobre un hombre que está «buscando la felicidad» pero se olvida de lo más importante y termina entrampado.

Esa es la felicidad para el mundo, así lo ve nuestra cultura secular.

Recordemos esas inmortales palabras «el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo«, nótese que el Señor pone la palabra «paz y gozo» en un lugar opuesto al de cosas que «satisfacen» al hombre.

Ahora bien, en Salmos dice que «Dios se ríe«, pero 1 Timoteo va más allá y nos dice que tenemos un Dios feliz. La palabra en koiné que usa el Apóstol Pablo para describir a nuestro Dios en dos ocasiones «Makarious» puede traducirse como «feliz» (versos 1:11 y 6:15)

De ninguna manera podemos pensar que el Dios del Universo se priva de gozo, El es mucho más feliz de lo que podemos jamás imaginar con nuestras mentes limitadas. Desde el primer día Dios nos muestra rasgos de su gozo; «y vio que todo lo que había hecho era bueno y en gran manera«

En un mundo que vende una falsa felicidad en miles de formas tenemos que entender que para ser felices de verdad tenemos que ser llenos del Dios feliz.

«Tú has hecho que mi corazón rebose de alegría, alegría mayor que la que tienen los que disfrutan de trigo y vino en abundancia.» – Salmos 4:7

Muchos hermanos han puesto más énfasis en la ira de Dios hacia el pecado de la humanidad que en la felicidad divina. ¿Tiene dicho énfasis un efecto negativo sobre lo que los cristianos piensan de Dios y sobre cómo viven su vida?, ¿Quizá están buscando felicidad en otras cosas que no sea en su fe porque piensan que su fe es incapaz de dárla?

La falta de atención a la felicidad divina impacta muchas cosas, la teología de una persona define su vida. Es quizá por eso que vemos un rostro serio y un carácter amargado en tantos cristianos profesos.

Cómo regla general, si quieres saber cómo es Dios entonces debes fijarte en Cristo, su más exacto reflejo, «la imagen visible del Dios invisible«. Nuestro Señor Jesucristo era feliz.

Es interesante que Jesús dijo «Pidan al Padre para que su gozo sea completo» y también dijo «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.», Jesús está interesado en que también seas feliz, si lo vuelves a leer verás que la fuente de dicha felicidad es El.

El torrente pleno de nuestra vida no está en la salud corporal, ni en la cuenta bancaria, ni en una persona, ni en los acontecimientos externos, ni en ver triunfar a nuestro ego, ni en alimentar el orgullo sino en la perfecta comprensión de Dios, y en la comunión con Él que tuvo el mismo Jesús. Nada más puede llenar el alma.

Lo primero que obstaculiza esta felicidad es la irritación de pensar en las circunstancias diarias. «Los afanes de este mundo«, dijo Jesús «ahogan la semilla de la palabra de Dios«. Antes de que sepamos dónde estamos, estamos atrapados en el «espectáculo de las cosas» como dice Mario Vargas Llosa «vivimos en la civilización del espectáculo«. 

Todo lo que Dios ha hecho por nosotros es apenas el umbral; Él quiere llevarnos a un lugar dónde seamos sus testigos, vivamos nuestra fe y proclamemos quién es Jesús, es decir, Dios quiere compartir su felicidad con el mundo.

¿Tienes puesta tu esperanza en el Dios feliz o tienes puesta tu esperanza en la alegría pasajera que te darán las cosas del mundo?, no hay un punto medio, no hay tibios, si sigues un camino te alejarás del otro.

Esa es la raíz del concepto teológico del «contentamiento«, esta es la interpretación de «llevad todo pensamiento cautivo a Cristo», eso es lo que quiere decir que «brotarán ríos de agua viva» en nosotros, en otras palabras: Enfoquémonos en Dios y El será nuestra felicidad.

Las experiencias de la vida – ya sean eventos cotidianos o circunstancias aterradoras – quizá puedan alterar nuestras alegrías momentáneas pero son incapaces de cambiar nuestra felicidad pues nunca podrán “separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39).

Estoy convencido de que en el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra, el atributo de la alegría de Dios será visible en todos lados. Cuando mueren sus hijos, Cristo no les dice: «Ve y sométete a la crueldad de tu amo» sino «¡Entra al gozo de tu Señor!» (Mateo 25:21).

Un día, cuando partamos de esta vida pasajera y de mundo quebrado y oscuro, cuando suenen las trompetas: Veremos al Rey de la Gloria en todo su esplendor, deleitándose en su Hijo, en todas las cosas que lo adoran y sonriéndonos con gran felicidad. Allí estará frente a nosotros, compartiendo su gozo; El Dios Feliz.

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