Alegres en la Tormenta


El paso del ciclón tropical Ian en la zona donde vivo generó mucho miedo y ansiedad en tantas personas. Me hizo recordar un hermoso pasaje de los evangelios que quiero compartir contigo hoy.

En Mateo 14, los discípulos de nuestro Señor están por hundirse, su bote navega en medio de una tormenta mortal. Se están hundiendo, su empresa (la barca) también va rumbo a la destrucción.

Están ansiosos, asustados, sobrecogidos y sorprendidos… en medio de un mar furioso. En lo único que piensan en este momento es en sobrevivir. Puedo imaginarme sus caras de miedo, reinan el caos, la confusión y la desesperación.

Justo en medio de esta tempestad, Jesucristo viene a ellos caminando tranquilamente sobre el agua. El primer pensamiento de pánico fue: «¡Es un fantasma!«, increíble, como si una tormenta mortal no fuese suficiente, ¡ahora tenemos que lidiar con espíritus malvados! Y es allí dónde Jesús les encuentra y les dice… «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!» (Mt 14:27)

¿De verdad dijo eso?, ¿en el medio de una tormenta?, ¿en pleno caos y confusión?, si, justo dónde todos luchaban por salvar su vida, viene Jesús y los saluda con un saludo típico de un pícnic o de una rumba latina «¡Animo mi gente!«, ¿ánimo?, ¿no teman?, ¿es en serio?

O sea, en medio de la tormenta, Jesús hace una oda de vamos a divertirnos, a sonreír, abrazarnos y darnos palmadas en la espalda… relajarnos, pasarla bien. «No pasa nada chicos, a ser felices«, ¿de verdad?, ¿en una tormenta que me está hundiendo?… es justo allí donde Jesús nos llama a experimentar gozo y tranquilidad.

Creo que en nuestro caminar con Dios vamos a experimentar temporadas que consideramos «fuera del libreto», estas temporadas difíciles son las más hermosas, pues nos regalan una oportunidad tan rara como un diamante. La oportunidad de tener una perspectiva diferente sobre la vida.

Es en esos momentos donde tienes que hacer una elección. Puedes sentarte en medio de la tormenta y darte lástima al sentirte miserable de tu situación (y esperar que todo el mundo se sienta por ti), o puedes entender que hay un significado mayor que lo que alcanzan a ver tus limitados ojos.

No mucho después de decirles «Ánimo, que soy yo«, Jesús invita a Pedro a caminar con él en el agua. Claro, es fácil. Únicamente tiene que salir del bote y caminar hacia él (en medio de la tomenta). Facilísimo ¿verdad? Lo interesante es que Pedro obedeció, si, yo sé que después se cayó cuando dejó de mirar a Jesús, pero al menos ¡salió del bote!, ¡obedeció!

En esas grandes tormentas que hay en nuestra vida debemos aprender a mirar más allá de nuestras emociones, del miedo, del desespero. A reconocer a Jesús en el agua. Solamente así le vamos a escuchar decir: «Ven, soy yo, no tengas miedo, ¡ANIMO!«

En el fondo del corazón de Dios el espera que aproveches estos momentos para calmarte y descansar alegremente en el descubrir de Su Presencia. La fe consiste en que todo el mundo puede estar viniéndose abajo, pero cuando escuchamos «no pasa nada, soy yo, papá» tenemos la capacidad de estar gozosos inmediatamente.

El entender este misterio nos debería llenar de alegría y felicidad en medio de la tormenta.

¿Cáncer?- Sí, pero mira!! allí está Dios!! – Uffff que alivio, por un momento me asusté!!!

¿Muerte?, ¿Perdida de un trabajo?, ¿Amor no correspondido?, ¿Problemas financieros?, ¿Enfermedad?, ¿Accidentes trágicos? – Si, pero mira!!! allí está Jesús!!! – Ufffff casi casi!!!! Por un momento estaba comenzando a preocuparme.

Puedo imaginármelo así: «Epa miren!! ¡Llegó Jesús» – Momento de sonreir mientras respiramos hondo, darse palmaditas, chocar los cinco, estar aliviados y reírnos a carcajadas mientras celebramos su presencia – «Dios está aquí!!», «El tiene el control», «No pasa nada, ¿te asustaste? yo tambien chamo» – «todo va a estar bien chicos ‘Jesús está aquí!»

Eso es exactamente lo que hace el Señor en los momentos difíciles de nuestro caminar cristiano. El nos guía al ojo de la tormenta, nos encuentra en medio de la tempestad, camina hacia nosotros y nos grita: «Ya llegué! alegría hijo!! soy yo!! deja el miedo» y luego hace lo impensable, nos invita: «Ven a mí«

Todo comienza poniendo tus ojos en El. Luego deja el bote (tu símbolo de seguridad personal que está por hundirse) y abandona toda seguridad que no esté puesta en El. Métete a la tormenta con papá. Y ve.. Pero eso sí, ve alegre.

Tu pensabas que era una tormenta, pero se te está invitando a una cita… para que aprendas a sostenerte de nada más que de la mano del Soberano.


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