Adam Smith Teólogo: El lado poco conocido del Padre del Capitalismo

Nos hemos estado alejando rápidamente no sólo de las ideas de Adam Smith sino de las bases de la civilización occidental establecidas por el cristianismo (…).”
(I El Camino abandonado – Camino de Servidumbre – F.HAYEK – 1944)

No os asusteis liberales y libertarios, no pongan esas faces reaccionarias ni frunzan el ceño vosotros pro-capitalistas. Esto – si bien es ajeno al conocimiento general – ni es un tratado teológico ni es una explicación sobre la ética protestante del trabajo como espíritu impulsor del capitalismo europeo.

Esto es simplemente historia, economía y cultura general. Aún si sostienen como verdad máxima la irracionalidad de que la existencia surgió de la nada ni tiene propósito, seguro sacarán provecho de este material de investigación. Sigan el curso de su lectura y sacien su curiosidad.

En el pasado mes de mayo fui invitado a un evento en linea del Mercatus Center sobre los encuentros entre Adam Smith y Tomás de Aquino en sus propios tiempos de pandemias así como sus pensamientos parecidos en torno al bien común, el evento tuvo un panel de lujo (incluyendo al Senador Republicano por Florida Marco Rubio) acá les dejo la grabación del evento, ahora está público y en inglés. Aprendí mucho.

Uno de los panelistas esbozó que Smith tenía un amor secreto por la teología y las virtudes que emanaban de la Biblia. Allí me acordé de una conversación que alguna vez tuve en mi natal Caracas.

The Wealth Of Nations es de hecho una frase que fue sacada de Isaías 60:5. Tengo años leyendo sus obras pero creo que hemos pasado demasiado por alto que un 60% de todo su material escrito procede de la teología. Adam Smith creía que el fin de la economía era que cada quien trabajase en lo que Dios lo había llamado. Es momento de re-leer a Smith, usando su propia mente y creencias. Poniéndose en sus zapatos. Hablamos de un hombre que aprendió griego para leer entre otras cosas el Nuevo Testamento. ” o algo parecido fue lo que me dijo hace algunos años un amigo llamado Daniel Parra Dicillo, un académico venezolano que ahora vive en Londres con quien solía disertar y filosofar, el fue quien me inspiró a escribir esta entrada.

Todo historiador serio conoce de la Reforma Protestante cómo la antesala que permitió a Europa pasar del feudalismo al capitalismo. Todos conocemos de la profunda convicción y cosmovisión cristiana de Bastiat (véase Providence and Liberty), la mayoría de nosotros sabe que John Locke era un teólogo puritano.

Y es que son tantos los pensadores forjadores de Occidente que no pueden resistirse a dejar de hablar de sus estudios de la Biblia explayadamente en al menos cada 3 párrafos de sus filosofemas como mínimo, la lista es tan larga que abarca desde Tocqueville hasta Voltaire pasando por grandes como Kant y por los apenas conocidos como Juan German Roscio.

Es imposible pasarse esto por alto para cualquiera que medianamente les lea. Tu me dirás: “era común en la época, toda esa gente ilustre fue creyente hasta los padres fundadores y posiblemente su fe afectaba su cosmovisión“, yo te diré: ” Te equivocas, en la época de Smith la mayoría de los pensadores racionalistas eran ateos (comenzando por el propio Hume) y claramente mi enfoque no es a militares ni gentilicio sino es con respecto únicamente a pensadores y filósofos que construyeron a occidente.

John Locke. Isaac Newton. René Descartes. Adam Smith.

Adam Smith es a la economía occidental lo que Isaac Newton del cálculo y la física moderna. Ambos peluquines anglosajones eran además grandes teólogos protestantes, de Isaac Newton ya sabemos por medio de sus escritos teológicos y sus comentarios bíblicos que era un teólogo profundo y académico. Sin embargo poco sabemos de la teología (estudio del conocimiento de Dios) de Adam Smith.

Muy poco se sabe que Adam Smith encontraba su inspiración para perseguir la paz y las armonías que resultan de la libertad individual precisamente en la teología sistemática del protestantismo.

Adam Smith fue el primer genio que construyó un sistema lógico que comprendía, no solo economía, sino historia, jurisprudencia y filosofía moral. De hecho, el dice estaba más orgulloso de su Teoría de los sentimientos morales que de su mucho más famosa La riqueza de las naciones . Pero el hecho de que Adam Smith también fuera teólogo ha tardado mucho más en apreciarse.

Por supuesto que Smith no se dedicó de lleno al estudio de teológia, es por naturaleza un economista, no un predicador. Sin embargo, en su obra, vemos que es la búsqueda de Dios lo que le inspira y podemos hallar indicios de un profundo amor al estudio de la teología protestante, añadido con una comprensión del mundo con una cosmovisión basada en los principios de la Biblia.

Smith operó dentro de un marco tele-ológico-narrativo sistemático cuyas raíces teológicas se encuentran en la tradición británica de la teología natural científica y el calvinismo moderado de la Ilustración escocesa.

Un análisis profundo de los escritos de Smith, revela que el economista estaba preocupado por la necesidad de preservar el orden en la sociedad medieval y en la naturaleza. Su metodología científica enfatiza la reconciliación con el orden complejo del mundo en el que vivimos tal y como es en lugar de la investigación para la alteración del mismo. Smith apela a su propia versión de la famosa “ley natural” en la que el universo es una máquina armoniosa y perfecta administrada por una deidad providencial.

Nadie está descuidado, nadie está en desventaja, cada quien tiene sus dones, nadie debe intentar controlar el curso perfecto y armonioso de esta naturaleza compleja, nuestro propósito es justamente la búsqueda pacífica de la verdadera felicidad para cada cual, y todos somos sustancialmente iguales ante esta “Mano Invisible” que aparece no solo como una fuerza externa sino también arbitraria y que todo lo ordena. Finalmente ninguna acción – por buena o mala que sea – carece de la recompensa adecuada, en esta vida o en la siguiente.

Conociendo más al personaje

Smith nació en Kirkaldy en 1723, fue bautizado el 5 de junio de ese mismo año. Fue criado por su devota madre presbiteriana después de la muerte de su padre cuando tenía 3 años y, como la mayoría de sus contemporáneos, asistió a la iglesia con regularidad durante toda su vida. Su Escocia estaba dominada por la Kirk presbiteriana de una manera que a quienes vivimos en sociedades seculares contemporáneas nos resulta difícil apreciar.

El joven Smith dejó Glasgow en 1740 para ser un exhibidor de Snell en la Universidad de Oxford, lo que implicó el compromiso de recibir órdenes anglicanas a su regreso a Escocia, aunque, como muchos otros exhibidores, nunca lo hizo. En 1751, cuando asumió su cátedra en la Universidad de Glasgow, tras estudiar al respecto Smith firmó la Confesión de Fe calvinista de Westminster ante el Presbiterio de Glasgow, satisfizo los requisitos de su ortodoxia y prestó el Juramento de Fe. La escrupulosidad de Smith en otros asuntos similares sugiere la sinceridad de esta profesión de fe cristiana ortodoxa, que le acompañó toda la vida.

Un hecho raro es que nunca contrajo matrimonio con mujer alguna, poco se conoce que halla tenido algún romance. En vez de viajar por el mundo, ir al teatro, la taberna o divertirse en la opera, cada vez que sus obligaciones se lo permitían, acudía a ver a su madre. Ella murió a los 90 años (una rareza para la época) y él, siete años después, a los 67. Sus historiadores coinciden en que fue un hombre sobrio y recluido de la vida social. Quizá prestando ademanes a su juramento calvinista.

Tengo la idea de que claramente debe haber un un trasfondo teológico significativo para cualquier trabajo de filosofía moral o economía política producido por un hombre como el descrito arriba y en tal contexto. Mi idea se ve confirmada por la abundancia de lenguaje teológico en las obras publicadas de Smith. Muy regularmente se refiere a “la providencia“, “la Deidad“, “el autor de la naturaleza“, “el gran Director de la naturaleza”, “legítimo superior” y así sucesivamente. Además, hay repetidas referencias al designio y la providencia divinos. Por ejemplo cuando dice:

Cada parte de la naturaleza, cuando se examina atentamente, demuestra igualmente el cuidado providencial de su Autor, y admiramos la sabiduría y la bondad de Dios incluso en la debilidad y la locura del hombre.” – Adam Smith

Y:

la felicidad de la humanidad, así como de todas las demás criaturas racionales, parece haber sido el propósito original pretendido por el autor de la naturaleza, cuando las trajo a la existencia … Al actuar de acuerdo con los dictados de nuestras facultades morales, necesariamente perseguimos el medio más eficaz para promover la felicidad de la humanidad y, por lo tanto, se puede decir, en cierto sentido, que coopera con la Deidad y hace avanzar hasta donde esté a nuestro alcance el plan de la Providencia.” – Adam Smith

Y otra vez:

La idea de ese Ser divino, cuya benevolencia y sabiduría, desde toda la eternidad, ideó y dirigió la inmensa máquina del universo, para producir en todo momento la mayor cantidad posible de felicidad, es ciertamente de todos los objetos de la contemplación humana. con mucho el más sublime.” – Adam Smith

Y, en relación a la moralidad:

los principios rectores de la naturaleza humana, las reglas que prescriben deben ser consideradas como los mandamientos y leyes de la Deidad.” – Adam Smith

Esta dimensión teológica del trabajo de Smith se ve confirmada por el hecho de que Smith fue leído teológicamente por sus académicos contemporáneos, incluidas figuras importantes en la formación de la economía política como disciplina en la Gran Bretaña del siglo XIX.

Por ejemplo, Richard Whately , titular de la primera cátedra de economía en una universidad británica, interpretó providencialmente la afirmación de Smith de las consecuencias positivas no deseadas de la conducta egoísta: “El hombre, en el mismo acto, está haciendo una cosa por elección propia, por su propia cuenta. beneficio, y otro, indeseado, bajo el cuidado de la Providencia, para el servicio de la comunidad ”. Whately también colocó la Teoría de los sentimientos morales y la riqueza de las naciones de Smith por encima de las obras de William Paley bajo la categoría de “teología natural”.

Entre los divulgadores británicos de la economía política del siglo XIX, ninguno fue más influyente que Thomas Chalmers . Chalmers también asumió que Smith estaba escribiendo tratados teológicos sugiriendo que la transformación del comportamiento egoísta en el mayor bien económico es algo natural y providencial:

Un resultado tal que al mismo tiempo ni un solo agente en este vasto y complicado sistema de comercio contempla o cuida, cada uno cuidando solo de sí mismo, revela fuertemente un Agente superior, por cuya sabiduría trascendental es, que todos están hechos para conspirar. tan armoniosamente, y terminar tan benéficamente.”

Además añadió:

Toda la ciencia de la economía política está llena de estas exquisitas adaptaciones a las necesidades y comodidades de la vida humana, que demuestran la habilidad de una mano maestra en el ajuste de sus leyes y el funcionamiento de su mecanismo profundamente construido.”

Las lecturas teológicas de Smith también abundan entre los pioneros de la economía política como disciplina en el siglo XIX, y más aún en las discusiones populares sobre economía política, si usted sabe inglés puede dedicarse a la investigación de esta declaración histórica que sostengo.

¿Estoicismo Calvinista?

Gran parte de la discusión del lenguaje teológico en las obras de Adam Smith lo ha conectado con el interés de Smith por el estoicismo. Por ejemplo, la introducción de Raphael y Macfie a la edición bicentenario de Theory of Moral Sentiments dice:

La filosofía estoica es la principal influencia en el pensamiento ético de Smith. También afecta fundamentalmente su teoría económica … La ética y la teología natural de Adam Smith son también estoicas.

Como evidencia, estos pensadores señalan la importancia de la auto-conservación en Smith, la importancia de la sobriedad y del autocontrol como virtudes, el compromiso de Smith con un orden natural armonioso, la idea de la igualdad en la dignidad humana y por supuesto su famoso universalismo.

Sabemos que Smith leyó y admiró a los estoicos en su juventud, y que las ideas estoicas fueron populares entre los pensadores de la Ilustración escocesa que buscaban un marco para reemplazar un aristotelismo que se había degenerado. 

En su discusión de los sistemas de filosofía en la Parte VII de Teoría de los sentimientos morales , Smith dedica más espacio a los estoicos que a cualquier otro sistema, pero también critica muchas ideas rectoras de los estoicos. Finalmente concluye: “El plan y el sistema que la naturaleza ha predestinado para nuestra conducta, parece ser completamente diferente al de la filosofía estoica”.

Las Conferencias Teológicas del Catedrático

Pero en mi opinión, es notable que mucho más importante que el estoicismo para la teología de Smith es la tradición británica de la teología natural científica, filtrada a través del calvinismo moderado de la Ilustración escocesa. Smith ocupó la cátedra de filosofía moral en la Universidad de Glasgow en la década de 1750 y siguió la tradición de sus predecesores Gershom Carmichael y Frances Hutcheson al dar conferencias sobre teología natural. 

Sabemos por el “Account of the life and writings of Adam Smith“, de Dugald Stewart , que “su curso [sobre Filosofía moral] se dividía en cuatro partes” (EPS, 274). Estas cuatro partes, nos recuerda Stewart, eran “teología natural”, “ética”, “esa rama de la moral que se relaciona con la justicia” (o jurisprudencia) y “expediency” (o economía política).

Un estudiante de Smith llamado John Millar, informó:

Su curso de conferencias … se impartió en cuatro partes. El primero contenía Teología Natural; en el que consideró las pruebas del ser y los atributos de Dios, y aquellos principios de la mente sobre los que se basa la religión cristiana.

Estas “conferencias” de Glasgow fueron la base del sistema de Smith: la segunda parte sobre filosofía moral se convirtió en Teoría de los sentimientos morales y la parte final se desarrolló en La riqueza de las naciones . 

Desafortunadamente, no tenemos evidencia manuscrita o incluso notas de los estudiantes que puedan indicar el contenido de las conferencias de teología natural. Por lo tanto, es difícil evaluar la exactitud de la anécdota de John Ramsay sobre estas clases de Smith:

” Las especulaciones sobre la religión natural, aunque no se extendieron en gran medida, no fueron menos halagadoras para el orgullo humano y el de Hutcheson. Tanto de uno como de otro se tomaron presuntuosas presunciones para sacar una conclusión injustificada, a saber, que las grandes verdades de la teología, junto con los deberes que el hombre debe a Dios y a sus vecinos, pueden ser descubiertos a la luz de la naturaleza sin revelación especial.”

Las citas anteriores sobre las conferencias de Smith pueden ser nuestra mejor guía, y son solo algunos de los muchos ejemplos del lenguaje y las formas de pensamiento de la tradición británica de la teología natural científica. 

Mi mejor suposición sobre el contenido de sus conferencias de teología natural es que serían una versión newtoniana de las conferencias de su predecesor, en consonancia con la conocida admiración de Smith por la metodología científica de Newton y su preocupación por evitar controversias teológicas innecesarias.

El calvinismo ha sido inexplicablemente descuidado como trasfondo de la obra de Adam Smith, a pesar del hecho de que Smith encaja casi perfectamente en la imagen del calvinismo moderado de la Ilustración escocesa. Tome el boceto proporcionado por David Fergusson :

(Smith) enfatiza el papel de Dios como creador y sustentador del mundo. Los signos de la presencia divina son evidentes en el mundo natural; a este respecto, se asume ampliamente que el argumento del diseño es válido. Se destaca el papel beneficioso de la religión en la sociedad civil. La religión contribuye al orden social y la armonía. Cuando se purga del fanatismo irracional y la intolerancia, la fe ejerce una función cohesiva a través de la dirección moral y el enfoque que ofrece a la vida humana. Como benévolo y sabio, Dios ha ordenado al mundo para que sus leyes morales y científicas contribuyan al bienestar humano. La perspectiva de un estado escatológico en el que la virtud y la felicidad coinciden, además, proporciona una motivación moral adicional.”

La declaración normativa para los presbiterianos escoceses en la época de Smith fue la Confesión de Fe de Westminster , que Smith firmó de su propio puño y letra para ocupar su cátedra de Glasgow. 

La frase inicial de dicha confesión a la cual Smith se adhiere dice que “la luz de la naturaleza, y las obras de la creación y la providencia manifiestan hasta el punto de manifestar la bondad, la sabiduría y el poder de Dios, que dejan a los hombres inexcusables“.  Este es un parafraseo del primer capítulo del libro de Romanos. Ese capítulo tan favorito por Isaac Newton.

Para los puritanos, los presbiterianos, los bautistas y cualquier rama del calvinismo existe la importante advertencia de “que el conocimiento de Dios y de su voluntad, que es necesario para la salvación no pueden provenir de la naturaleza“, lo que refleja el énfasis calvinista en cómo nuestras capacidades sensoriales y morales están limitadas y torcidas por la Caída (estado pecaminoso del hombre). 

Smith retoma este tema calvinista de la depravación del hombre, escribiendo sobre la “irregularidad en el pecho humano” justo antes del pasaje citado anteriormente sobre cómo:

cada parte de la naturaleza, cuando se examina atentamente, demuestra igualmente el cuidado providencial de su Autor, y podemos admirar la sabiduría y la bondad de Dios incluso en la debilidad y locura del hombre.”

En otros lugares, los vicios y las locuras de la humanidad se consideran una parte necesaria del plan del universo. La ignorancia de “todas las conexiones y dependencias de las cosas” condiciona nuestra acción, aunque nos reconforta el pensamiento de que Dios, el “Ser benevolente y omnisciente, no puede admitir en el sistema de su gobierno ningún mal parcial que no sea necesario para el bien universal “.

Smith y su idea de “Justicia en la vida por venir”

Hay un pasaje ignorado pero clave que Adam Smith modificó a través de diferentes ediciones de Theory of Moral Sentiments antes de decidirse por escribir lo siguiente:

Porque bien merece ser advertido, que estamos tan lejos de imaginar que la injusticia debe ser castigada en esta vida, simplemente por el orden de la sociedad, que de otro modo no puede mantenerse, que la Naturaleza nos enseña a esperar, y La religión, suponemos, nos autoriza a esperar, que será castigada, incluso en una vida por venir … en cada religión, y en cada superstición que el mundo haya contemplado, en consecuencia, ha habido un Tártaro así como un Elíseo; un lugar provisto para el castigo de los impíos, así como otro para la recompensa de los justos.”

Smith sugiere que la fe en la justicia en la vida venidera es enseñada por la naturaleza y reforzada por la religión. Al sostener la idea de que la naturaleza enseña en gran parte por analogía, Smith se está apartando de la posición de Hume de que tales analogías son filosóficamente ilegítimas, además sugiere que el hecho de que aprendamos sobre la otra vida por analogía es más importante que un argumento filosófico sobre la legitimidad de la analogía. 

También se aparta de la visión atea de Hume de que las leyes de la justicia surgen de la necesidad de mantener el orden en la sociedad.

La importancia del sentido de la justicia formado naturalmente que nos lleva a una esperanza futura surge en otro pasaje donde Smith analiza el famoso caso de Calas, que se rompió en la rueda en Francia por el supuesto asesinato de su hijo:

” Para las personas que se encuentran en circunstancias tan desafortunadas, esa humilde filosofía que limita sus puntos de vista a esta vida, puede proporcionar, quizás, poco consuelo. Se les quita todo lo que pueda hacer respetables la vida o la muerte. Están condenados a muerte y a la infamia eterna. La religión es la única que puede proporcionarles un consuelo eficaz. Ella sola puede decirles que tiene poca importancia lo que el hombre pueda pensar de su conducta, mientras que el Juez del mundo que todo lo ve le aprueba. Ella sola puede presentarles la visión de otro mundo; un mundo de más franqueza, humanidad y justicia que el presente; donde su inocencia debe ser declarada a su debido tiempo y su virtud finalmente recompensada: y el mismo gran principio que solo puede infundir terror en el vicio triunfante,”

En una línea similar, Smith escribe:

Cuando nos desesperamos de encontrar alguna fuerza sobre la tierra que pueda detener el triunfo de la injusticia, está en nuestra naturaleza apelar al cielo, y esperar que el gran Autor de nuestra naturaleza ejecutará él mismo en lo sucesivo todos los principios que nos ha dado para el dirección de nuestra conducta, nos impulsa a intentar incluso aquí; que completará el plan que él mismo nos ha enseñado a comenzar; y en una vida venidera, pagará a cada uno según las obras que haya realizado en este mundo. Y así somos conducidos a la creencia de un estado futuro, no sólo por las debilidades, por las esperanzas y los temores de la naturaleza humana, sino por los mejores y más nobles principios que le pertenecen, por el amor a la virtud y por el aborrecimiento. de vicio e injusticia.

Además añade que esta creencia es lo que da aliento a la preservación de los valores que se tienen como benignos en esta vida:

Cuando las reglas generales que determinan el mérito y el demérito de las acciones, llegan a ser consideradas como las leyes de un Ser Todopoderoso, que vela por nuestra conducta y que, en una vida venidera, recompensará la observancia y castigará el incumplimiento de ellos; adquieren necesariamente un nuevo carácter sagrado de esta consideración.”

Si bien Smith no basa la creencia en recompensas y castigos futuros en ningún cálculo de que el individuo o la sociedad se beneficien de tal creencia, está interesado en las consecuencias de tal creencia. Siguiendo el pasaje que acabamos de citar, comenta:

“Así es como la religión refuerza el sentido natural del deber ser y, por tanto, la humanidad está generalmente dispuesta a depositar una gran confianza en la probidad de aquellos que parecen profundamente impresionados por los sentimientos religiosos.”

La recompensa en la otra vida es importante en el sistema social que promueve Smith porque la administración de justicia en esta vida presente es defectuosa, e incluso si se emiten juicios correctos, las recompensas y los castigos en esta vida no alcanzan lo que exige la justicia. No es solo un punto filosófico o teológico, porque Smith tanto en la Teoría de los sentimientos morales como en La riqueza de las naciones ve que la justicia es necesaria para el funcionamiento adecuado del sistema económico y político:

Si hay alguna sociedad entre ladrones y asesinos, deben al menos, según la trivial observación, abstenerse de robar y asesinarse unos a otros. La beneficencia, por tanto, es menos esencial para la existencia de la sociedad que la justicia. La sociedad puede subsistir, aunque no en el estado más cómodo, sin beneficencia; pero la prevalencia de la injusticia debe destruirla por completo … La justicia … es el pilar principal que sostiene todo el edificio.”

Sabemos que la imaginación es importante en la explicación de Smith o en el progreso científico y los mecanismos de la moralidad del espectador. Para Smith, el estado futuro también opera como un espacio imaginativo donde la moralidad puede negociarse bajo la mirada del autor de la naturaleza. 

Un ejemplo es la recomendación de Smith de la vida activa y el compromiso público, en contra de la tranquila vida monacal recomendada por algunos de sus contemporáneos religiosos. Smith hace una excepción particular a la recomendación de las virtudes monacales por el obispo católico francés de Clermont, y su objeción se desarrolla en el espacio imaginativo de la otra vida:

” Comparar, de esta manera, las fútiles mortificaciones de un monasterio con las ennoblecedoras penurias y peligros de la guerra; suponer que un día, o una hora, empleado en el primero debería, a los ojos del gran Juez del mundo, tener más mérito que toda una vida gastada honorablemente en el segundo, es seguramente contrario a todos nuestros sentimientos morales; a todos los principios por los que la naturaleza nos ha enseñado a regular nuestro desprecio o admiración. Es este espíritu, sin embargo, el que, si bien ha reservado las regiones celestes para los ministros religiosos, o para aquellos cuya conducta y conversación se asemejaban a las de los monjes y frailes, ha condenado al infierno a todos los héroes, a todos los estadistas y legisladores, todos los poetas y filósofos de épocas anteriores; todos aquellos que han inventado, mejorado o sobresalido en las artes que contribuyen a la subsistencia, a la conveniencia o al adorno de la vida humana; todos los grandes protectores, instructores y benefactores de la humanidad; todos aquellos a quienes nuestro sentido natural de la alabanza nos obliga a atribuir el mérito más alto y la virtud más exaltada. ¿Podemos extrañarnos de que una aplicación tan extraña de esta doctrina tan respetable la haya expuesto a veces al desprecio y al escarnio? con aquellos que al menos no tenían, tal vez, un gran gusto o inclinación por las virtudes devotas y contemplativas.”

En general, para Smith, el juicio y la esperanza futura operan como un tribunal de apelación donde se recompensan los actos de bondad pero también los errores de este mundo se corrigen y las personas reciben sus merecidos. La justicia de esta corte divina de apelación es continua y refuerza el sentido natural de justicia que tenemos en esta vida presente. No hay conflicto entre los dos porque, para Smith, el “gran Director de la naturaleza” actúa providencialmente en ambos.

La continuidad entre la vida presente y futura podría sugerir que Smith se adhiere a una versión del “utilitarismo cósmico” del siglo XVIII, o incluso es un precursor de modelos en la literatura económica contemporánea de la religión donde la utilidad celestial y terrenal se intercambian entre sí. . Si bien, sin duda, hay elementos utilitarios en Smith, especialmente cuando da consejos sobre políticas, y a veces señala que el comportamiento impulsado por otras fuerzas promueve la utilidad, su filosofía moral en general no puede describirse como utilitaria.

Por ejemplo, critica las explicaciones utilitaristas de la justicia y, en general, las explicaciones de la justicia que la fundamentan en la razón. Hay una gran distancia entre Smith y sus contemporáneos utilitarios Paley y Bentham. Además, ningún pasaje en los escritos de Smith describe tales compensaciones que un individuo hace entre la utilidad terrenal y celestial.

Economía desde la perspectiva de la eternidad

Si Smith se resiste al aplanamiento utilitarista del discurso moral y a la equiparación de las vidas presente y futura que hacen posible el intercambio, entonces, ¿en qué tipo de marco deberíamos colocar la escatología de Smith mientras buscamos comprender su lugar en su sistema? 

Como sugerí anteriormente, notamos que para Smith existe una relación teleológica entre la justicia en la vida presente y la justicia en la vida futura. Lo que sucede en la vida futura es continuo y completa la vida presente. 

Es por ello que Smith opera en un marco teleológico que es perfectamente consistente con sus raíces teológicas cristianas en la tradición británica de la teología natural científica y el calvinismo moderado de la Ilustración escocesa.

Los elementos teleológicos de su trabajo han sido enfatizados en años recientes por los académicos de Smith contra varios detractores prominentes que hicieron de Smith parte de sus narrativas más amplias sobre el destierro de la teleología de la ciencia moderna: por ejemplo, en el trabajo de Alasdair MacIntyre (quien investigó el abandono de la teleología en el siglo XVIII) y Charles Taylor (quien consideró el deísmo providencial de los siglos XVII y XVIII como una etapa intermedia entre los mundos antiguo y moderno, ya que se perdió la idea de que Dios ya no era necesario).

Al examinar de cerca los escritos de Smith, queda bastante claro que la teleología es importante, aunque las causas finales se separan cuidadosamente de las causas eficientes. Aquí hay un pasaje clave :

En cada parte del universo observamos medios ajustados con el más bello artificio a los fines que pretenden producir; y en el mecanismo de un cuerpo vegetal o animal, admiramos cómo todo está ideado para promover los dos grandes propósitos de la naturaleza, el apoyo del individuo y la propagación de la especie. Pero en estos, y en todos esos objetos, todavía distinguimos la causa eficiente de la causa final de sus diversos movimientos y organizaciones. La digestión del alimento, la circulación de la sangre y la secreción de los diversos jugos que se extraen de él, son operaciones todas ellas necesarias para los grandes propósitos de la vida animal. Sin embargo, nunca nos esforzamos por explicarlos por esos propósitos como por sus causas eficientes, ni imaginamos que la sangre circula, o que la comida digiere por sí misma, y con miras o intención a los propósitos de circulación o digestión. Las ruedas del reloj están todas admirablemente ajustadas al fin para el que fue hecho, la hora. Todos sus diversos movimientos conspiran de la mejor manera para producir este efecto. Si estuvieran dotados del deseo y la intención de producirlo, no podrían hacerlo mejor. Sin embargo, nunca les atribuimos tal deseo o intención, sino al relojero, y sabemos que son puestos en movimiento por un resorte, que intenta el efecto que produce tan poco como ellos. Si estuvieran dotados del deseo y la intención de producirlo, no podrían hacerlo mejor. Sin embargo, nunca les atribuimos tal deseo o intención, sino al relojero, y sabemos que son puestos en movimiento por un resorte, que intenta el efecto que produce tan poco como ellos. Si estuvieran dotados del deseo y la intención de producirlo, no podrían hacerlo mejor. Sin embargo, nunca les atribuimos tal deseo o intención, sino al relojero, y sabemos que son puestos en movimiento por un resorte, que intenta el efecto que produce tan poco como ellos.

Pero aunque, al dar cuenta de las operaciones de los cuerpos, nunca dejamos de distinguir de esta manera la causa eficiente de la causa final, al dar cuenta de las de la mente somos muy propensos a confundir estas dos cosas diferentes entre sí. Cuando por principios naturales nos vemos inducidos a adelantar esos fines, que nos recomendaría una razón refinada e ilustrada, somos muy propensos a imputar a esa razón, en cuanto a su causa eficiente, los sentimientos y acciones mediante los cuales adelantamos esos fines, e imaginar que es la sabiduría del hombre, que en realidad es la sabiduría de Dios. Visto superficialmente, esta causa parece suficiente para producir los efectos que se le atribuyen; y el sistema de la naturaleza humana parece ser más simple y agradable cuando todas sus diferentes operaciones se deducen así de un solo principio.

Aquí notamos que para Smith, extremos tales como la propagación de la especie mueven claramente el sistema natural, y ​​la pregunta que deja abierta es la relación entre la agencia divina y la humana.

Sin duda, al leer a Smith bajo este nuevo enfoque, su enfoque, nos damos cuenta de que la economía contemporánea está muy lejos de Adam Smith. MacIntyre y Taylor pueden haber colocado a Smith erróneamente en el lado moderno de la línea que divide los enfoques teleológicos modernos de los más antiguos de la explicación científica y la filosofía moral. 

Esta línea de la economía, en mi opinión, se extiende a mediados del siglo XIX en Gran Bretaña y las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos, aunque es difícil de precisar. La economía contemporánea está claramente en el lado moderno de la línea divisoria y no tiene lugar para la teleología y mucho menos para la teología.

Desterrar de esta forma tan arrogante y prepotente a la teleología (junto con cualquier discusión significativa sobre escatología) y limitar el enfoque a causas puramente superficiales y eficientes ha contribuido sin duda al avance teórico y empírico de la economía durante los dos últimos siglos. Pero ha obstaculizado la capacidad de la economía para comprometerse con las cuestiones políticas y morales realmente importantes, aquellas que afectan nuestras más profundas esperanzas y sentido de justicia. 

Por lo tanto, el futuro que los economistas llevan a sus semejantes es el mismo que el presente, solo que con un mayor crecimiento de los ingresos y el consumo. Como ha dicho Paul Fiddes sobre el inciso, hay una “desesperanza de un futuro que es una extensión inexorable del presente“.

Adam Smith pudo involucrarse con estos temas porque su sistema tenía un fin que no era solo una extensión del presente, pero además su campo de apelación era tan rico que le daba un espacio imaginativo en el que reconcebir y mejorar las posibilidades presentes.

Para Adam Smith el cristianismo había traído más que amor y enseñanzas morales, sino la dignidad de ser tratados por primera vez como criaturas de Dios, no como animales. Y la promesa de que toda injusticia y sufrimiento no terminaría en nada sino en una justa retribución en la eternidad.

Aquí puede leer más detalles sobre el presbiterianismo de Adam Smith que no fueron mencionados en este artículo.

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